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EL CONFLICTO EN COLOMBIA ES PURA CARRETA

El director del Centro de Memoria Histórica afirma que el conflicto en Colombia ha sido una simple narrativa. Narrativa es una forma elegante y eufemística de decir que la violencia en este país es pura carreta. Es que ellos los fachos de la derecha, siempre han dicho lo mismo: “Aquí no pasa nada, no sean exagerados”. pero veamos… Llevamos más de 200 años matándonos. Esto es tan real como los casi 5.000 muertos que dejaron los enfrentamientos entre santanderistas y bolivaristas después de la Independencia, los más de 70.000 que dejó la Guerra de los Mil Días entre 1889 y 1902, los aproximadamente 300.000 que dejó la violencia partidista en Colombia entre 1930 y 1958, y los 282.000 mil muertos y más de 9.000.000 de desplazados documentados, precisamente, por el Centro de Memoria Histórica entre 1959 y la actualidad. Esto arroja una cifra de 657.000 muertos, mal contados.

Esa cantidad de víctimas no fue precisamente producto de enfrentamientos entre ricos y pobres, sino entre pobres y pobres. Sí señores, entre POBRES y POBRES. Si los “nadie”, especialmente los millonarios de estrato uno seguidores del narcoabelardismo, leyeran un poquito, podrían enterarse de que en estas confrontaciones bélicas los ricos nunca murieron en el campo de batalla, sino en una mullida cama y sin rasguños. ¿Cuántas veces fue herido en el campo de batalla el esclavista Simón Bolívar? ¿Cuántas cicatrices pudieron mostrar los dudosos héroes de la Independencia? ¿Qué tan cerca estuvieron de perder la vida en zonas rurales oscuros personajes como Laureano Gómez y Mariano Ospina Pérez, artífices de la violencia partidista en Colombia? ¿Con qué frecuencia los generales del glorioso y falsopositivista ejército nacional han mostrado su impecable uniforme en enfrentamientos en el monte con la guerrilla?

Por supuesto que nunca, pues ahí estaban peleando los patisucios de un lado y del otro y a quienes llevaban amarrados a la guerra y eran soltados en un potrero para que se mataran sin saber por qué exactamente. Ahí estaban los que cargaban en la billetera una estampa del Sagrado Corazón de Jesús y una banderita azul o roja, y estaban listos a mostrar su salvajismo y asesinar en nombre de un partido político. Ahí están ahora los que antes eran vargaslleristas, para luego aterrizar en el paraconarcouribismo y finalmente caer de plancha y sin una pizca de vergüenza en el paraconarcoabelardismo, dispuestos a odiar gratuitamente y soñando con destripar a quien piense diferente.

Desde hace muchos, pero muchos años, vengo escuchando que Juan Pueblo se mata con Juan Pueblo por un trapo de color que los doctores extienden sobre una mesa para jugar ajedrez o degustar un buen vaso de whisky mientras ven las noticias de las masacres por la TV. Mi abuelo, que era un sencillo jornalero de alpargatas, llegó a una conclusión muy sabia: “Si los doctores son los de la pelea ¿porque no se agarran a machete entre ellos pa' ver quién queda gobernando?”. Yo, que no soy tan sabio como mi abuelo, solamente pregunto: ¿Por qué el director del Centro de Memoria Histórica quiere borrar la memoria histórica de los colombianos? ¿Alguien me puede decir por qué?

Toc toc toc ¿Está el alcalde?

Se sabe que los servidores públicos (que a la hora del te no sirven para nada) son personas a las que no se les puede exigir un nivel cultural mínimo. Eso sería como pedirle peras al olmo. Por eso, con ellos no se puede hablar de arte, de literatura, de música de altura porque ellos no leen, salvo lo que corresponde a las partidas presupuestales. Por eso, también, las denominadas casas de la cultura en su generalidad quedan convertidas en sedes de reuniones políticas.

En Roldanillo las cosas no son diferentes. Baste con decir que los artistas, que aquí surgen y abundan como las yerbas silvestres, ni por equivocación reciben un impulso oficial que justifique esa hipérbole de "Meridiano de la cultura" con que alguna vez Rayo bautizó esta aldea. ¿Cuántas veces ha asistido el alcalde al Museo para una apertura de exposición, una presentación de ballet, una obra teatral, un concierto o un recital? Por favor, no sonrían de esa manera tan malévola.

Para muestra del estado de virginidad intelectual que exhiben nuestros gobernantes, les entrego esta perla: La capilla de La Ermita sufrió graves daños estructurales, presentando agrietamientos y la caída de una parte del frontis, cuyos escombros quedaron tirados en el andén de la entrada. Pasados seis días, los escombros seguían ahí y en el perímetro de la capilla no había el acordonamiento de seguridad que se exige en estos casos, lo que nos hace preguntar: ¿Por qué cuando hay una narcocabalgata el alcalde vuela a cerrar el pueblo con vallas de Aguardiente Blanco del Valle y en este caso no tuvo alas para cerrar las vías de los sectores de alto riesgo? Muy extraño, ¿verdad?.

Pero ahí no para la alcaldada. Resulta que una comisión encabezada por la arquitecta María Cluadia Villegas de la Universidad Javeriana llegó para evaluar los daños sufridos por aquellas construcciones consideradas como patrimonio histórico o arquitectónico y preguntó en donde habían ubicado el material caído del frontis. El alcalde no supo responder y se limitó a lamentarse por no saber que se los habían llevado. Claro que no solo de eso se tiene qué lamentar. Se tiene que lamentar de no saber dónde fueron arrojados. Se tiene que lamentar de no haber estado atento y oportuno a lo que se estaba ocurriendo, pues mientras los jóvenes de Roldanillo acudieron casi que de inmediato a prestar auxilio, a tratar de rescatar lo rescatable, a conseguir las ayudas necesarias sin que nadie los convocara, el señor alcalde se manifestó con un decretico e instaló la sede de la aldministración en un lugar que, por su desconocimiento, presentaba riesgo. Es decir, improvisó.

¿Y por qué era importante guardar en logar seguro esos escombros en particular? Pues porque hacían parte del material original con que fue contruido ese frontis. Además, según lo dicho por quienes saben del asunto, ese tipo de ladrillo ya no se elabora y si se reemplazan por los que fabrica don Rudesindo en su galpón artesanal, no es lo mismo. Sería como ponerle un repuesto de Renault-4 a un Rolls Royce. Nada menos.

LOS SECRETOS DEL CEMENTERIO DE ROLDANILLO

Además de techos y muros desplomados y grietas que dejaron ver la fragilidad de nuestras vidas, el terremoto del 10 también sacó a flote sentimientos de verdadera solidaridad y algunas muestras de mezquindad oficial. Y destapó secretos.

En el cementerio de Roldanillo, ése que en otros tiempos fue notable por su macabra belleza, el terremoto del 10 dejó al descubierto unas bolsas con osamentas humanas... y una duda inevitable que le plantea a la gente muchas preguntas y deja pendientes muchas respuestas.

¿Por qué construir una especie de doble pared un espacio ciego y allí depositar restos humanos sin identificar? Al parecer nadie sabía de ese escondrijo. Usted, que no es malpensado como yo, podría suponer que se hizo para "guardar" los restos de aquellas personas que después de mucho tiempo no fueron identificadas. Sí, eso es posible. Todo es posible. Solo que la sepultura de los no identificados no se amuralla, no se sella con ladrillos. En casi todos cementerios (pero al parecer en este caso no) se dispone de un área para sepultarlos en tierra, de tal manera que fácilmente puedan ser exhumados con orden judicial en caso de requerir pruebas de ADN y otras con fines de identificación.

¿Por qué los restos no tienen un rótulo que indique la posible fecha y causa de muerte, así como las señales particulares que presentaba al momento de ser inhumado? Eso es lo mínimo que se debe consignar para facilitar una eventual y plena identificación posterior. Solo una bolsa deja ver unas fechas: 2000, 2003 y 2006, su contenido (prendas de vestir) el origen de los restos: El Dovio, y la dependencia oficial que hizo el procesamiento: Unidad Básica de Roldanillo.

¿Existen en la Fiscalía Seccional de Roldanillo las correspondientes actas de inspección a cadáver y las respectivas carpetas de apertura de invetigación de los casos presentados? ¿Existen en la sede del Instituto Nacional de Medicina Legal de Roldanillo las experticias realizadas por el médico forense y consignadas en las actas de necropsia? Porque las víctimas de muerte violenta no pueden ser sepultadas así nada más.Sin duda alguna y con base en lo expuesto antriormente, sí existen esos documentos.

¿Quiénes fueron en vida los que terminaron tapiados para que nadie volviera a saber de ellos? Estuve al día siguiente del sismo, en la mañana, en el cementerio y a simple vista en la fosa secreta se veían tres botas pantaneras. Entonces, al respecto se me ocurrrieron tres hipótesis:

a. Las botas pantaneras son el calzado oficial de guerrilleros y paramilitares, grupos que para esas fechas operaron (la guerrilla sigue operando) en la zona rural de Trujillo, Bolívar y El Dovio. No es temerario afirmar que los restos son de miembros de esas agrupaciones organizadas al margen de la ley.

b. No hay que olvidar que el glorioso ejército nacional tenía la patriótica y lucrativa práctica de asesinar campesinos y vestirlos con uniformes apretados y botas puestas al revés para disfrazarlos de guerrilleros y, de paso, cobrar por los muertos. La tarifa era atractiva: Tres días de licencia por cada baja o "guerrillero neutralizado", como dicen ellos.

c. Pudo ocurrir (y es lo más próximo a la realidad) que la administración del cementerio se quedó sin espacio para esos restos que nadie reclamó y, por eso, decidió tapiarlos. Eso es explicable si se tiene en cuenta que en estos tiempos de soluciones inmediatas, la vida no vale nada y la muerte vale menos.

En todo caso, ahí queda este episodio para regocijo de los fanáticos de las teorías conspirativas, para deleite de los arquitectos de las hipótesis descabelladas que terminan imponiendo la verdad y para frustración de aquellos que creen que los muertos suelen descansar en paz.

PARA LA SALUD ES PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD.

¿Los cafres seguidores de Abenarco saben quién es la nueva ministra de Salud de Colombia?

No es de los NADIE como juró Abenarco escupiendo tres veces en el piso.

Déjenme les cuento: Se llama Ana María Vesga y hasta hace algunos días era la presidenta de ASEMI (Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral) un gremio que representa a las principales empresas aseguradoras y administradoras de salud privadas en Colombia principalmente EPS del régimen contributivo y entidades de medicina prepagada.

Antes había sido directora de la Cámara de la Industria Farmacéutica de la Andi. Como presidenta de ACEMI fue la responsable del ocultamiento de medicamentos, la no prestación de servicios especializados a pacientes y hacer aparecer a usuarios que fueron operados de apendicitis hasta diez veces para cobrarle al Gobierno un sobrecosto desmesurado a través de las UPC o valor que el Estado reconoce a una EPS por cada servicio que reciba un afiliado.

Como si fuera poco, la nueva ministra de salud Vesga demandó el Decreto que obligaba a las e p s a destinar el 5% de la UPC para el sostenimiento de los equipos básicos de salud, esos que prestan atención a las veredas y a los barrios más pobres. Esa belleza es la Ministra de la Salud escogida entre los NADIE por Abenarco.

Usted, mi muy apreciado cafre narco-abelardista, dirá que la culpa es de Petro el comunista. Yo diré que es culpa suya, por saber cómo se vota pero ignorar cómo se elige. Es decir, por web-on

LEER NO ES UN HOBBY

Leer no es lo más importante para la gran mayoría de las personas. Es más: Algunos se sienten orgullosos de no haber perdido el tiempo leyendo pendejadas. Lo he escuchado y no he podido evitar cierta tristeza.



Leer no es únicamente pasar los ojos sobre unas palabras y unas frases. Leer es comprender el sentido de esas palabras y frases, es tratar de adentrarnos en el pensamiento de quien las escribe. Es lo que se denomina “lectura crítica”. Si al abordar un libro -cualquier libro- no surgen preguntas ni comparaciones, si no estimula la comprensión del mundo, hay que empezar de nuevo la lectura. Porque un libro no solo debe servir para decorar, como lo hacen quienes compran libros por metros, sino que debe aportar conceptos enriquecedores que expandan la experiencia del lector. Aunque suene a paradoja, conociendo el pensamiento ajeno aprendemos a construir nuestro propio pensamiento.

Leer, además, nos vuelve independientes. Nuestro pensamiento se hace universal. Quien lee no está atado a personas sino a ideas, no sigue partidos políticos sino ideologías. Como consecuencia de ello, el verdadero lector se convierte en elemento de alto riesgo para el sistema. Y es en este punto donde los que no leen se acercan orgullosamente al colectivo de los ignorantes, que es igual a decir que están en la zona donde la estupidez sobresale y los manipulables alcanzan el más alto nivel de aborregamiento.

DE LAS CONVIVIR A LOS BLOQUES DE DEFENSA

El abogado de narcotraficantes y paramilitares y ahora electo presidente de este platanal ha anunciado la creación de un BLOQUE DE DEFENSA PARA LA SEGURIDAD URBANA. De inmediato salieron sus descerebrados seguidores a aplaudir tan maravillosa idea y comentar que “Ahora sí van a desaparecer las ratas y toda esa gente que nos hace daño”. Toda esa gente es, desde luego, los que no son su adoradores. La idea no es nueva. En 1994 fueron creadas las Cooperativas de Vigilancia y Seguridad privada para la Defensa Agraria, que tuvo una derivación denominada Servicios Comunitarios de Vigilancia y Seguridad Privada, que terminó conociéndose como las Convivir o Grupos de Autodefensa. Su gestor fue el entonces presidente de la República César Gaviria Trujillo con el apoyo ideológico y logístico del ministro de Defensa Rafael Pardo Rueda y el respaldo económico de la Federación Nacional de Ganaderos.

¡Y uno creyendo que fue Uribe Vélez el del invento!

Pero no, el venerable y criminal anciano solo les dio un sentido práctico a las Convivir y las convirtió en la herramienta efectiva para eliminar a… Sí señores: para eliminar las ratas, los malandros, los indeseables, los comunistas y “toda esa gente que le estaba haciendo daño al país”. Lo malo es que en ese noble propósito casi deja a Colombia sin campesinos. ¿Lo recuerdan? Imposible que lo hayan olvidado en tan poco tiempo.

El abogado de narcos y paras ha sido honesto con el pueblo colombiano y en ningún momento ha mostrado el disfraz de oveja. Al contrario: Desde su saludo militar y su grito de ¡Firmes por la Patria! Le ha dicho al pueblo colombiano que él es un fascista de tiempo completo y que como presidente no será inferior a esa execrable imagen. Incluso no se adornó para decir que este era un país de cafres, con la seguridad de que un altísimo porcentaje de sus electores creyeron que esa palabra era un elogio.

Las Convivir de Gaviria nacieron desde el marco de la legalidad. Nadie podía afirmar que eran una incipiente incubadora de asesinos y, por el contrario, las imaginamos como un servicio de vigilancia comunitaria bien organizado, hasta que Uribe Vélez las convirtió en una máquina de exterminio indiscriminado. ¿Quién acuñó la frase: “Es mejor que mueran tres inocentes y no que vivan cien guerrilleros”? Los que participaron en masacres como la de El Aro, San Carlos de Guaroa, Mapiripán, La Gabarra, La Rochela, etc. etc. etc. etc. etc.

No faltarán los que salgan a pedir mesura y afirmen que no se puede comparar la propuesta del abogado de narcos y paras con lo ocurrido desde 1994. Si estuviéramos en el Paraíso Terrenal, tal vez. Pero estamos en Colombia país donde la violencia está enquistada en nuestros genes. Y la amnesia no es una carencia sino una conveniencia.

LA HISTORIA PUEDE REPETIRSE

En la ardua tarea de filtrar toda la basura que la gente publica en las redes sociales encontré un vídeo-mensaje (REEL dicen los más sofisticados que yo) publicado por el catedrático Jorge Aguilera. Allí hace un somero pero contundente análisis de la situación que ya empezamos a vivir en esta Colombia que nadie entiende. Basado en reflexiones que salen de su lectura especializada, el catedrático Jorge Aguilera nos señala cómo la historia vivida en la Alemania nazi se vuelve a repetir aquí. Aunque sería mejor decir que se viene repitiendo desde 1948, cuando la llamada época de la violencia se fue abriendo paso hasta desembocar en una serie de masacres de las que no podemos sentirnos orgullosos. No podemos olvidar que hubo un presidente colombiano llamado Laureano Gómez, alias “el basilisco”, llamado así por esa mirada dura que caracteriza a los criminales.

Laureano Gómez fue un falangista y nazi declarado. Se sentía orgulloso de su pensamiento retorcido y su mayor mérito fue echarle gasolina a las brasas del fanatismo que había dejado su antecesor, Mariano Ospina Pérez. Eso no lo sabe la gente de ahora, porque los protagonistas de una matanza continuada que dejó casi 300000 muertos en 10 años son expertos en tapar sus cagadas como lo hacen los gatos. Por eso esa etapa negra de nuestra historia poco a poco se diluye en el olvido. Ya casi nadie recuerda que todo comenzó con el fervor y el lenguaje incendiario de los dirigentes conservadores, que empezaron a llamar comunistas, a los liberales y a sembrar en la mente del pueblo raso el odio a muerte contra los que no estaban en sus filas. Eso lo copió Laureano Gómez, de los fascistas italianos de los nazis alemanes y de los falangistas españoles.

¿No les han contado como las familias liberales tenían que esconderse y dormir en los cafetales para que los conservadores no las masacraran? Parece que no. Es que daría vergüenza contar que esos que hoy ven comunistas en toda parte fueron los comunistas de hace 75 años. No podemos perder la memoria de manera tan olímpica. No podemos ignorar que lo que actualmente estamos viendo es una copia de lo que ocurrió hace 75 años, cuando el basilisco Gómez pregonaba arrasar con todo lo que no fuera conservador, destripar a los liberales, incendiar pueblos para quemar la semilla de un comunismo que solo existía en su retorcida mente. El pueblo ignorante siguió al pie de la letra esas consignas y Colombia quedó alfombrada de cadáveres.

El catedrático Jorge Aguilera nos pone en alerta y justifica su preocupación por hechos como el sucedido en pasto, donde una joven mujer fue agredida con el pico de una botella y terminó con la cara tasajeada por no ser seguidora del elegido presidente. O el ataque de dos sujetos que al grito de ¡firmes por la patria! atacaron a los actores de una representación teatral. O como el de la convocatoria por redes sociales a conformar grupos, como ya hay uno en valledupar, para empezar a destripar, tal como lo anunció su líder. Esto es muy grave. Y de seguir así no pasará mucho tiempo para que veamos por los caminos de este país a las hordas de la Gestapo y las SS criollas.

¿Qué les han prometido a los seguidores de la derecha ultra-fascista? Nada que no le hayan ofrecido los anteriores presidentes. Nada que ya no le hayan dado los anteriores presidentes. Éste, como abogado de narcotraficantes y asesinos paramilitares, aprendió a conocer la naturaleza de los colombianos y les ofreció, además limpiar a Colombia de la basura comunista, saciar su instinto criminal, destripando comunistas. Porque si ayer no era pecado matar liberales hoy serán merecedores del cielo los que asesinen a los que no están con el nuevo mesías.

Recordemos que alguien propuso recientemente dividir el Cauca para separar a los indígenas, como lo hizo Hitler con los judíos. Y hace apenas algunos días otro personaje de este circo político señaló como conveniente el espionaje electrónico a los que no siguen el rugido del depredador, como lo hizo Joseph Goebbels. Algunos dirán que estas palabras son muestras de paranoia alarmista. Otros dirán que los contradictores deben asumir las consecuencias. Es muy fácil verlo así cuando se está en ese estado de ingenuidad e ignorancia en que son mantenidos los no sé cuántos millones de colombianos que aún creen en los políticos.

EL BANDOLERISMO EN EL VALLE DEL CAUCA (1946-1966) es un libro de Jhonny Delgado Madroñero que se lee de un solo tirón. En él se da una visión fugaz del actuar de los grupos de asesinos que asolaron esta región en nombre de dos partidos políticos, dejando a su paso muerte, saqueo, dolor y miseria entre la población que conforma la base social, especialmente pequeños campesinos, obreros y jornaleros liberales que empezaron siendo víctimas de los conservadores y terminaron igualando el odio y la crueldad de sus victimarios, cometiendo actos abominables que en el presente constituyen motivo de vergüenza… Para quienes aún la sentimos.

Me permito compartir dicho libro con el fin de no dejar en el olvido episodios que los arrodillados historiadores oficiales no se atreven a mencionar ni siquiera en voz baja.

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Los de este lado y los del otro

En Colombia nunca ha existido un verdadero y serio debate ideológico, pese a que somos politólogos desde antes del nacimiento. Aquí lo que siempre ha existido es algo similar a dos clubes de fans cuyos miembros gritan como algunas muchachitas histéricas que, incluso, caen en el paroxismo cuando ven a su ídolo en el escenario.

Esta Colombia, según Alvaro Tirado Mejía, se dividía en dos grupos: Los esclavistas, burócratas, terratenientes, militares de alto rango y clero, para quienes la situación era ideal y debía ser mantenida a toda costa. Y los comerciantes (¡sí, los comerciante!), los indígenas, los esclavos y los artesanos que apoyaban la idea de modernizar el Estado. Criollos y chapetones se decían.

Luego vinieron los bolivarianos y santanderistas. Los primeros pensaban que este platanal debería seguir siendo colonia española. Recuerden que Bolívar, releyendo la Biblia, decía que “Al rey se le obedece, pero no se le acata”. Y Mariano Ospina Rodríguez recalcaba que “la abolición de la esclavitud afectaba los intereses económicos de los esclavistas, porque perderían el dinero que los esclavos les habían costado y se verían obligados a contratar jornaleros. Además, hacer que todos los hombres fueran iguales, les derrumbaría su poder social.

Los santanderistas, en cambio, propugnaban por un Estado con cambios sociales, principalmente en: Abolición de la esclavitud, Libertad absoluta de imprenta y de palabra, Libertad religiosa, Libertad de Enseñanza, Sufragio Universal, directo y secreto, Disminución de las funciones del Ejecutivo, Fortalecimiento de las Provincias, Abolición de los monopolios, Abolición del ejército, Expulsión de los Jesuitas.

Así, en pocas palabras, nacieron los partidos políticos que actualmente ya no se llaman conservador y liberal sino que toman el nombre del cacique que lidera a cada grupo. Eso viene ocurriendo desde que esos caciques se dieron cuenta que el pueblo raso es como la plastilina y que eso de seguir ideas pasó de moda porque lo que se estila ahora es seguir personas, como algunas muchachitas histéricas que, incluso, caen en el paroxismo cuando ven a su ídolo en el escenario.

No hay que perder el tiempo con fanáticos

No hay que perder el tiempo en discusiones que tengan que ver con la política parroquial. Y si excepcionalmente se hace, no hay que ir más allá de los aspectos generales. Es que ese tema resulta tan candente que fácilmente exalta las pasiones y lleva a una persona inteligente a apartarse del diálogo civilizado y a adentrarse en el parloteo incongruente que gira y gira, como un carrusel, sin llegar a parte alguna.

Nada es más desgastante que caer en la trampa de aquellos que creen poseer la única verdad, porque de esa supuesta única verdad nadie los apartará. Sin embargo, en las redes sociales se ve a diario el espectáculo grotesco que arman los que salen a replicar a sus contrarios de bando político sin exponer ningún argumento de peso o, al menos, coherente. Porque lo que vale es es el insulto, la burla, la frase malintencionada, la mentira descarada, la noticia falsa, el concepto distorsionado, prácticas de las que no fueron ajenos figuras de la nacionalidad colombiana como el preclaro estandarte del conservatismo Miguel Abadía Méndez, quien acuñó el término COMUNISTA para referirse a todo aquel que no fuera devoto del Sagrado Corazón de Jesús y del partido conservador. Algo muy simplista y propio de las mentalidades obtusas.


Por eso, no hay que perder el tiempo discutiendo con estúpidos fanáticos porque a ellos no les importa el debate; al contrario: evitan esos escenarios donde la inteligencia es expuesta, pues son conscientes de su icapacidad intelectual. Ellos solo saben atacar con violencia verbal pues su único objetivo no es llegar a la verdad sino imponer su criterio, ganar a como de lugar así no se tenga la razón. De ahí que siempre asuman una actitud arrogante e irrespetuosa a las ideas de los demás.

Los estúpidos fanáticos son propensos a distorsionar la realidad y difundir la falsedad. Son mentirosos cumpulsivos y terminan convencidos de que sus mentiras son la única verdad. Y de ahí nadie los sacará. Entonces, no debatas con ellos, no intentes mostrarles la otra cara de la moneda, porque su moneda solo es de una sola cara. Además, recuerda que el tiempo que gastas tratando de establecer un debate con altura lo puedes dedicar a construir tu sosiego. Cuando la ignorancia de esos personajes vocifere, tu inteligencia debe guardar prudente silencio.

Pueblo del Ruido Mágico

¿Será que esta ley también operará en Roldanillo?

Lo pregunto porque Roldanillo es “Pueblo Mágico”, donde se hace “hasta pa’ vender” y las autoridades administrativas por ningún lado. Nunca me tragué el cuento chino de “Pueblo Magico”, porque Roldanillo es una aldea sin magia. En cambio, sí creo que es el lugar más ruidoso del mundo y, por poco, del universo.

No es sino hacer un recorrido nocturno en los fines de semana para corroborar que los equipos de sonidos (parlantes, le dicen ahora) suenan a toda sin que la policía haga cumplir la norma correspondiente.

Pásense, en la madrugada de los fines de semana, por el deteriorado parque de La Ermita para apreciar el mágico espectáculo de muchachos tomando licor y consumiendo algunos complementos psicotrópicos al son de la narco-música que se puede escuchar a tres cuadras de distancia.

Dense una vueltica, entre las dos y ocho de la mañana, por la carrera octava, como quien va para La Tulia, para que se deleiten con el sonido bestial que sale de la reconocida caballeriza convertida en bebedero semanal, desconociendo además la normatividad sobre el funcionamiento de bares y cantinas en zonas residenciales.

Asómense por las calles de tráfico alto para que disfruten del ruido de motos sin silenciador y motociclistas sin documentos, a lo que hay que sumarle el exceso de velocidad, el llanteo y el desconocimiento de las señales de tránsito.

Si ustedes creían que las cabalgatas seguían siendo una expresión del folclor heredado de los españoles, espérese al próximo bloqueo de calles, callejas y callejones en esta aldea para que sigan gozando la exhibición gratuita de un desfile de bestias y equinos (es casi lo mismo) que dejan escuchar sus herraduras hasta bien avanzada la madrugada.

Desde luego que son otros más los factores de contaminación auditiva en esta aldea, como los perifoneadores, los vendedores ambulantes con altoparlantes, el de la mazamorra y el de la mazamorre, el de las rifas, el del chontaduro, el del aguacate maduro, el de las solteritas y las arrejuntaditas, el predicador, el circo que anuncia durante quince días la última función, los perros callejeros, los rumberos, los que van, los que vienen, los que suben, los que bajan… Pero todo esto es melodía celestial comparado con los focos de ruido arriba mencionados.

¿Y las autoridades administrativas del municipio?

Bien, gracias.

A mí es que no me cuadra ese cuento

Viendo a Juan José Madrid (y, desde luego, a todo el grupo de personas que lo acompaña) trabajar incansablemente para llevar a cabo un proyecto cultural dentro de la celebración de los 450 años de Roldanillo, no se puede desconocer su capacidad de liderar y su entrega a algo que no da votos ni oro ni plata y, en cambio, sí muchos dolores de cabeza.


Juan José ha estado al frente de un comité cuyos miembros no tienen sueldo, ni honorarios, ni comisión, ni CVY, pero que ha trabajado para que eso de "El meridiano cultural" no sea otro eslógan bobo como el de "Pueblo Mágico", y que al llegar a los supuestos 450 años Roldanillo muestre algo más decente que las cabalgatas de cada ocho días, sentida evocación de los gloriosos tiempos del narcotráfico.


Haciendo esa salvedad y sin demeritar ese esfuerzo, dejo por aquí este escrito anti-aniversario. Al fin y al cabo la intención es lo que cuenta y ellos podrían haberlo hecho en cualquier tiempo y con la misma validez y mérito. Porque...


A mí es que no me cuadra ese cuento de los 450 años de la fundación de este pueblo, pues en mi época de escolar ningún maestro me habló de Francisco Redondo Ponce de León ni de un 20 de enero de 1576. Tampoco en el bachillerato, lo que sí es bien raro porque ellos eran muy dados a fantasear con los hechos históricos y, no pocas veces, a inventarlos. De ambas cosas pueden dar fe mis contemporáneos.

Tratando de encontrar explicaciones me di a la tarea de recoger lo que la tradición oral (la escrita es casi ninguna) consignaba al respecto. Pero nada. El relato histórico se reduce a señalar que Francisco Redondo Ponce de León fundó Roldanillo el 20 de enero de 1576. Solo eso.

Ya que no encontré explicaciones que estuvieran sustentadas con firmeza, fui armando una hipótesis de la misma manera que se arma un rompecabezas: con piezas que a veces encajan y a veces no pero que al final dejan ver esa realidad que uno suponía. Aquí está:

Resulta que un grupo de concejales municipales y notables personajes de esta aldea acostumbraba a reunirse cada noche en el parque Elías Guerrero para chacotear como cualquier vecino de barrio estrato dos, solo que ellos se presentaban con la aureola de gente de bien, a los que todo les lucía de maravilla. Entre charla y charla, en las que se colaba algún chisme inocente que dejaba por el suelo la honra de algunas muchachas, estos nobles caballeros descubrieron que el General Omar Torrijos, que en esos momentos era dictador de Panamá, era el sexto hijo de don José María, un maestro de escuela nacido en Roldanillo a finales del siglo 19, dato suficiente para pensar que el General era una excelente disculpa para el roce social transfronterizo. ¿Se imaginan? El primer mandatrio de Panamá visitando el pueblo que no era su pueblo pero pudo serlo, el mandamás de Panamá estrechando la mano de la aristocracia aldeana... eso era un regalo del cielo.

Entonces se dieron a buscar la justificación para rendirle homenaje a un dictador cuyo vínculo con Roldanillo era muy raquítico. Y la encontraron en la desmemoria e ignorancia de la gente. ¿Por qué no convertir una celebración religiosa en un hito aniversario? Aprovecharon el papayazo de que nadie sabía de los datos de fundación de este pueblo. Nadie. Los folletos, pasquines, panfletos y demás escritos publicados doscientos años atrás no lo decían en concreto y solo se limitaban a mencionar de refilón alguna mentiras inocuas. Como aquellas que nos entregaba don Elí García, mi primer maestro en la Primitivo, cuando nos decía que el nombre de Roldanillo surgió porque un día un español de bombachas pasó por aquí cuando solo habían cuatro casas y preguntó: "¿Quién fundo este caserío?" Un vecino salió de su letargo cenital y con voz calma respondió: "Yo y Roldán. El de las bombachas, que era de buen hablar castellano, corrigió de inmediato al vecino: "El burro adelante patea. Se dice: Roldán y yo". Roldán i llo. Como don Elí sabía que eso no tenía ningun sustento, agregaba otra mentirita: Claro que también se debe tener en cuenta que los indios al servicio de los españoles recibían el nombre de sus amos, agregándole un diminutivo. Roldanillo pudo ser llamado un indio al servivio de Roldán. Y ese nombre se quedó para el caserío inicial.

¿Pero por qué 20 de enero?

Sencillo: porque en el calendario de la hagiografía cristiana ese es el día de San Sebastián. Y San Sebastián es el santo que le montaron como patrono al Roldanillo católico, apostólico, romano y ultragodarrio.

¿Y por qué 1576?

Vamos, chavales –como decimos los colombianos que llevamos ocho días en España– pues porque el más intelectual de los notables le restó cuatrocientos años a 1976 para que coincidiera con el afán de ir de turismo gratis a Panamá y de refilón visitar a mi General Torrijos e invitarlo a conocer la tierra de su padre, la casa donde éste vio la luz primera, el aire que había respirado su parentela, el patio donde habían defecado los perros de su familia…

Pero había un problema: En Roldanillo no se tenía ninguna noticia de parientes de mi General. Ningún Torrijos vivía por estos lados.Ni siquiera un primo en décimo grado.

Entonces, otro de los notables –tal vez el que sabía inventar anécdotas para hacer reír a carcajadas a sus amigos en el parque– sacó ventaja del problema y elaboró una creíble narrativa: El maestro de escuela José María Torrijos había nacido en donde se levantaba un viejo caserón, propiedad de “la mona” Laura Emilia Perea. Ese nacimiento a nadie le constaba. Tampoco a nadie le importaba, porque don José María no había sido un famoso maestro y, de otro lado, ya había pasado un largo tiempo... un poco más de cien años. Listo, por ese lado. Mi General ya tendría un referente emotivo y un lugar donde podría fingir que derramaba unas lágrimas de nostalgia, si es que los Generales son capaces de derramarlas y tener nostalgia. Otra mentira más que se edificó sin pensar que las mentiras se caen a pedazos, como llegó a ocurrir con la casa de los Perea y como ocurrió con la placa de bronce que recordaba algo que no ocurrió allí

Los notables personajes, con la desinteresada participación de las Damas Azules, las Grises, las Moradas, las Hijas de María Inmaculada, las Adoratrices del Santo Prepucio, las de todas las asociaciones y disociaciones, se dieron en cuerpo y alma a proyectar los preparativos del Cuarto Centenario de la fundación de nuestra aldea. Porque para preparar vainas vitrineras somos los campeones olímpicos. La programación incluía discursos auto-elogiosos (¡Ni más faltaba!), actos públicos de auto-reconocimiento (¡Por supuesto!), condecoraciones a diestra y siniestra (¡Noooo, a la siniestra no!), diplomas y placas de recordatorio, medallas de oro con un baño de fantasía... En fin, solo faltó una visita protocolaria de exaltación a “La Cooper” por sus invaluables servicios tanto a los del sector oficial como a los del privado, así como por su denodado esfuerzo al iniciar en las artes del amor -y no de la guerra- a varias generaciones de jóvenes roldanillenses. No quedó frente sin cubrir, y se cuidó de no dejar nada pendiente. Excepto por tres detalles:

El primero: A pesar de decirse que era un pueblo con 400 años de edad, Roldanillo no tenía un escudo heráldico que simbolizara lo que éramos y no éramos como aristocracia aldeana. Fueron a buscar en el archivo histórico documentos que describieran o recogieran la representación gráfica de ese escudo, pero resulta que el archivo histórico no existía, ya que buena parte de los documentos fue transportada en una volqueta del municipio y arrojada al río Cauca. Otra parte fue recortada en pequeños cuadros y colgada en las puertas de los sanitarios de la alcaldía. ¿Solución? Ir a las carreras donde Reinaldo Espinosa, pintor de anuncios de películas en el Teatro Ortiz, para que se inventara uno que nos representara. Y se lo inventó. Y hasta le quedó lo más de chusco.

El segundo: Nada se sabía de un tal Francisco Redondo Ponce de León. Es más: no había en el salón del ultramegahonorabilísimo concejo municipal un retrato pintado al óleo presentando a un bandido español con gala de caballero y fundador. La salida de emergencia la encontraron sin dar mucho rodeo, y fue así como le pidieron al nieto de uno de los notables personajes que dibujara el retrato de alguien parecido a un conquistador español del siglo 16. El niño buscó una imagen para copiar y la casualidad hizo que se encontrara con la de Juan Ponce de León, de sombrero chambergo y pluma en lo alto, ése sí de carne y hueso porque fue explorador de la isla de Borinquen. Después de todo, si ellos no estaban en capacidad de notar la diferencia entre un Velásquez o un Goya y el mamarracho hecho por un niño de primaria, ningún ignorante iba a advertir el engaño. Lo cierto del caso es que ese mamarracho, del cual hallé una borrosa copia, es el único rostro que conocemos del fulano y ésa es el que nos han metido por los ojos desde hace cincuenta años.


Mi hipótesis sobre la inexistencia del fundador de Roldanillo quedó reforzada al digitar en el buscador de Google el nombre de FRANCISCO REDONDO PONCE DE LEÓN. Encontré unos diez resultados, todos referidos a un colegio privado ubicado en Roldanillo y ninguno para el supuesto fundador. ¿Será que Google Search confabulaba contra la mentira laboriosamente edificada por los notables personajes de esta aldea? Mejor consultar a la Inteligencia Artificial, que siendo artificial parece ser más inteligente que aquellos que se inventan cuentos de hadas con tintes históricos para alimentar su afán de vitrina. La AI nos dice:


Eso quiere decir que si Francisco Redondo no existió, el colegio de marras debería llamarser Juan Ponce de León, pues de su nota biográfica extrajeron la imagen promocional que publican.

Pero otra mentira más no hace daño.

El tercero: Dicen que la ignorancia es atrevida, pero lo es más la prepotencia de algunos notables personajes... notables por su torpeza. Sucedió que dentro de la programación cuatricentenaria los organizadores recordaron todos los aspectos importantes a resaltar, excepto el cultural. Los pintores, dibujantes, escultores, músicos y cantores, los teatreros, los saltimbanquis, los poetas, los novelistas y los noveleros, los danzantes, los cineastas y todos los artistas que en esta aldea crecen silvestres como la maleza fueron desconocidos, ignorados, pordebajeados. Ellos tuvieron... tuvimos que tomarnos por asalto la zona verde del parque frente a la alcaldía para convertirnos en una verruga en la punta de la nariz del cultísimo notablato local, ése que tuvo que resignarse a mirar con desconcierto cómo mi General Torrijos, el todopoderoso dictador de la República de Panamá, bajaba del balcón de la alcaldía y de su propio pedestal y se dirigía hacia nosotros para brindar el apoyo que a ojos vistos no se dignó ofrecer la municipalidad. Una lección que no se olvidará ni en otros cuatrocientos cincuenta años.

Alfonso López Michelsen, presidente de Colombia, también fue invitado, pero ése sí no quiso descender de su trono. Además. quedó opocado por el dictador, como el sol cuando hay un eclipse total.

Imposible terminar este escrito sin dejar de hacer algunas preguntas:

¿Por qué nadie puede mostrar el acta de fundación de Roldanillo? ¿Será porque, de veras, terminó recortada en pequeños cuadros y colgada en las puertas de los sanitarios de la alcaldía?

¿Por qué este pueblo, en vez de Roldanillo, no fue llamado REDONDILLO en honor a su inexistente fundador Francisco REDONDO Ponce de León?

¿Si Francisco el fundador no existió, esta aldea en realidad existe?

¿Si el General Torrijos no nació en Roldanillo, por qué tanta lambonería con un dictador tropical?

¿La placa de bronce que fijaron en la fachada de la casa de la "mona" Laura Emilia fue a parar, como los platones originales de la pila del parque, a la chatarrería de La Amistad?

¿Los historiadores de Roldanillo pueden ser catalogados como creadores de ciencia ficción?

¿Si le han echado tanta mentira a la historia local, habrá cabida para otra más en los 450 años?








¡Ese Petro es una porquería!

Necesitaba unas medicinas para mis mascotas recién operadas. Al entrar en la veterinaria tropecé con una acalorada discusión que enfrentaba al dependiente del negocio, una señora de unos cuarenta años, su esposo -un hombre común y corriente del estrato 2- y un joven con pinta de trabajar en lo que resultara.

―Es que ese Petro es una porquería. ¿Ya saben lo que les hizo a los pobres viejitos? ¡Les quitó el auxilio del adulto mayor! ―exclamó la mujer, mostrando toda su indignación.

―¿Quién le dijo esa mentira? ―preguntó el joven. ―Porque la verdad es que a mi abuelo no le han quitado ese auxilio; al contrario: se lo aumentaron a 250 mil.

―¿Mentira? Me lo mostró mi vecina en una publicación de Facebook. Voy a buscarla en mi celular ―replicó la mujer, mientras abría su cuenta y deslizaba la pantalla con desesperación.

―Se ve que usted hace parte de la manada de los mamertos ―dijo el dependiente dirigiéndole al joven una mirada que yo no pude descifrar si era de reproche o de odio.

Pues yo voté por Petro. No sé si por eso soy un mamerto. ―replicó el joven.

Acostumbrado como estoy a pasar desapercibido -casi invisible- en todo lugar donde necesito comprar algo, adopté la postura de testigo silencioso. Con paciencia me quedé esperando el "A sus órdenes, señor. ¿Qué se le ofrece?" pero para el dependiente su prioridad era la discusión en torno a Petro. La mujer seguía buscando en su teléfono. La voz rasposa del marido de la mujer me sacó del letargo:

―Y eso no es nada... Voy a tener que guardar mi Harley porque ese comunista nos subió el precio de la gasolina ―se quejó, al tiempo que señalaba una motico C70 descolorida y con el sillín remendado con cinta adhesiva.

―¿Y qué tal la perlita? Le regaló a los palestinos no cuántas toneladas de oro. ―interrumpió el dependiente. ―¡Toneladas de oro para esa gente que está atacando a Israel!

―Discúlpenme, señores... ―dijo el joven con un tono que subió varios decibeles.―Es Israel el que está atacando a Palestina y no solo con misieles sino con hambre, que es lo más cruel. Y no ha regalado toneladas de oro; simplemente señaló que un buen destino del oro y bienes incautados al narcotráfico seía enviarlo a Palestina para mitigar el hambre de la gente de esa nación. Ah, y el galón de gasolina subió solamente cien pesos. ¿Con cuanto tanquea su Harley, señor? En la estación de servicio usted tiene que pagar cien pesos más por galón, pero los transportadores aprovechan y le sbuen varios miles al flete y en el supermercado de la noche a la mañana le suben a los productos que venden. A propósito: Los licores tambien subieron de precio en las discotecas. ¿No va a protestar por eso?

Un destello de esperanza me ilumnó el rostro cuando el dependiente me hizo una seña con la mano para indicarme que "Enseguida lo atiendo, señor". Pero su fogosidad derrumbó mi esperanza, pues regresó a la discusión sin ninguna consideración a mis mascotas.

―En todo caso, si queremos salvar a Colombia tenemos que votar por el candidato uribista, porque con Petro este país va de culo pal barranco. ¿Usted qué opina, señor?

Pues que si usted sigue hablando de política sin fundamento y no atiende a sus clientes como lo merecen, este negocio va de culo pa'l barranco.

Di vuelta y tomé dirección a otra veterinaria. La discusión, sin duda alguna, continuó girando como un carrusel de incongruencias. Me fui reflexionando sobre lo estúpidos que llegamos a ser cuando confundimos preferencias con fanatismo y y nos damos a opinar sobre lo humano y lo divino sin tener un criterio claro al respecto, desconociendo qué es lo que define realmente nuestra ideología (que todos confundimos con tendencia política). Somos fanáticos porque somos ignorantes, porque es más cómodo creer lo que nos dicen que consultar las fuentes confiables. Seguimos a personas y no lo más importante: las ideas. Y vamos en contra de personas y no de su pensamiento. Nuestro nivel de conocimiento de la historia es tan precario que nos quedamos con los relatos idealizados que nos narraron en la escuela y olvidamos los hechos que la realidad nos muestra a diario. somos amnésicos, ciegos, insensibles, indolentes, acomodados, complacientes. Somos topos guiados únicamente por los instintos serviles. Somos ignorantes y nos sentimos orgullosos de ello.

Continué mi camino.

Allá, en la veterinaria, seguramente sigue la discusión. Y la mujer seguramente sigue buscando en su teléfono.

LA MASACRE DE BETANIA

Ya se cumplen setenta y seis años de la Masacre de Bretania. ¿Hubo una masacre en Betania? Pues sí. Hubo una masacre en Betania, el pequeño poblado cordillerano en el que –según cálculos de la época– fueron asesinadas cerca de trescientas personas en la noche del 8 de octubre de 1949. Lo que pasa es que esa bobadita se ha ido olvidando porque sus autores guardaron silencio y trataron. lo mejor posible, de ocultar algo que les resultaba molesto pero que ahí seguía como una berruga en la nariz.

Voy a refrescarles la memoria.

Resulta que para esa época el gobernador del Valle era el conservador Nicolás Borrero Olano, conocido por patrocinar abiertamente a reconocidos asesinos como el orgullosamente tulueño León María Lozano, alias "El cóndor"; el hijo de la Tierra del Alma Marco Tulio Triana, alias "Lamparilla", el notable hateño Chucho Gordillo; el abnegado alcalde de Trujillo,José Noé Ríos; el doviense Mario Restrepo; el de Versalles, Ignacio Giraldo, alias "Nacho"; el sevillano Jaime Javier Naranjo, alias "El Vampiro" (que era inspector de policía en Primavera) y otros que ya tenían pequeños pero letales grupos conformados con sus fieles y sectarios paisanos.

El excelentísimo gobernador Borrero Olano, que no era menos bandido que los anteriores, los reunió un día en su despacho y les dijo que era necesario "persuadir" a los liberales para que desocuparan Betania porque ese pueblito tenía que ser únicamente para los conservadores. ¿La razón? Es que, para los fachos conservadores, los liberales eran los comunistas de aquel entonces. Como hoy lo son los que no piensan como ellos. Los bandidos organizaron sus grupos con gente de todos los niveles, desde el notablato hasta los de alpargata. Como no todos sabían de palabras cultas, entendieron que "persuadir" era lo mismo que "eliminar". Y a eso se fueron a Betania el 8 de octubre de 1949.

Betania - Foto de Juan alberto Rojas

El resto no cabe ni en la imaginación de los morbosos lectores de noticias escritas con sangre. Por eso, los autores materiales de esa masacre (por extensión, también sus descendientes) hicieron lo posible por borrar todo vestigio de recuerdo; que la gente de Versalles. La Unión, Roldanillo, Bolívar y Trujillo se olvidaran del asunto y los que posaban de intelectuales se centraran en escribir la otra historia de esos pueblos, la que exhalta a personajes que parecen esculpidos en bronce y pone a sus héroes al mismo nivel de los dioses del Olimpo.

Pero ni el más poderoso detergente podrá quitar ese mancha de casi trescientos muertos ocasionados en una sola noche (¡En una sola noche!) por el fanatismo de un partido que se ha ramificado en otros pero no ha cambiado su estrategia de estigmatizar burdamente a sus contrarios llamándolos comunistas, sin saber qué es el comunismo. Porque para ignorantes por conveniencia hay material de sobra.

Me permito remitirlos a la narración de los hechos que hago en mi novela "Recobrando la memoria"

El 8 de octubre de 1949 la historia de Betania cambió para siempre. También su entorno. En el puesto de la policía, frente a la plaza, la mañana transcurrió en una normalidad aparente en la que los cuatro policías nombrados por el alcalde de Bolívar se desenvolvían como si no supieran nada. Sin embargo, tres días antes les habían informado que la gente de Lamparilla y Pájaro Azul volvería ese día a pegarle un buen susto a los cachiporros del pueblo. Hacía casi dos meses habían estado allí metiendo miedo a todo el mundo, sin que los de uniforme gris intervinieran. Tampoco lo hicieron dos días antes, cuando esa gente pasó por La Tulia, Primavera y Naranjal dejando varios muertos y poniendo el pueblo a su merced. Los de Betania mostraron enojo y reclamaron con insultos a los policías, pero éstos se limitaron a responder que cuatro golondrinas nada podían hacer contra cincuenta o sesenta sujetos alterados por los efectos del licor. Desde luego que las disculpas se ajustaban perfectamente para explicar la falta de reacción, mas las razones eran otras. Había órdenes dadas desde el Directorio Departamental Conservador y trasmitidas por la alcaldía de Bolívar para que los cuatro policías municipales se hicieran los de la vista gorda y colaboraran dejando el campo libre; así los pájaros podían entrar y salir en nombre de la fe católica, del glorioso partido conservador y de las autoridades legítimamente constituidas.

Pasado el mediodía el comandante del puesto ordenó a sus hombres no salir. Debían permanecer atentos a cualquier movimiento de personas que no vivieran en el pueblo, pues de La Tulia y Primavera habían llegado algunos apoyos a los liberales que se negaban a abandonar lo poco que habían logrado allí.

Iban a ser las seis de la tarde. Uno de los encargados de vigilar desde los cerros vio la caravana que asomaba en las vueltas del camino, saliendo para Naranjal. A galope tendido partió a avisar que los pájaros estaban a la vista. Esta vez no los cogerían por sorpresa. No había terminado de entregar la razón cuando aparecieron otros dos alertando de la llegada de los pájaros por los otros caminos de entrada al pueblo. Por la trocha de El Dovio venía Mario Restrepo. Él y su chusma se cruzaron con Nacho Giraldo que había partido de Versalles. De Roldanillo venían Lamparilla con voluntarios que se unieron con entusiasmo y mística conservadora y otros reclutados con amenazas: «Si no nos acompaña es porque no es de los nuestros. Y si no es de los nuestros…». De La Unión subió Chucho Gordillo con unos cuantos que estaban dispuestos a hacerse notar. También venia Pájaro Verde, y Pájaro Azul y El Vampiro, que había armado su propia banda con algunos de la vereda La Aguada, porque había sido inspector de policía en Primavera y conocía bien el terreno y a la gente que le podía servir. Por Cerro Azul fue bajando José Noé Ríos, alcalde de Trujillo, acompañado de José Santa, policías municipales, guardias de rentas departamentales y muchos de los que se animaron a participar en la ‘fiesta’. Era la cuota de Leonardo Salazar. Los bandoleros rodearon el pueblo, apostándose en las salidas para cerrar, a plomo, el paso a los que intentaran escapar. El grupo de policías departamentales y municipales que venía entre ellos como refuerzo, se quedó en la periferia para dar la pelea a los liberales atrincherados con escopetas de fisto en los cafetales. Los de los uniformes gris y verde carecían de formación y conocimiento táctico necesario para reducir la fuerza del adversario, pero poseían armas más poderosas y efectivas.

Esta vez no estuvo el padre Rafael para tomar la vocería y enfrentarse a los pájaros en el atrio de la iglesia con un crucifijo en la mano, como lo hiciera el 3 de agosto. Monseñor Luis Adriano Díaz, el obispo de Cali, sabía de primera mano que el cura de Betania era hijo de un liberal y, por lo tanto, era un liberal con sotana. Algo inconcebible dentro del clero. Por eso lo había enviado a cumplir su apostolado allá, en ese pueblo de refugiados rojos. Después vino la presión del Directorio Departamental Conservador para que sacaran de Betania al padre Rafael. El obispo tenía en su redil una oveja descarriada, pero no por esa razón la debía dejar a merced de los lobos. Entonces, lo citó para que estuviera en la diócesis el día 8 de octubre, pues del Directorio le habían advertido que ese día habría revolcón en ese pueblo. Al párroco de Betania le pareció extraño porque el 8 era sábado, día de mucha actividad en la parroquia pues los campesinos llegaban de más arriba a aprovisionarse de remesa y consultar alguna cosa en la casa cural. Pudo ser casualidad. Lo cierto es que monseñor Luis Adriano Díaz se ocupó en varios asuntos y el sacerdote no alcanzó a regresar ese mismo día. Lamparilla y los otros bandidos se sintieron libres de actuar a sus anchas.

El pueblo estaba casi a oscuras. Apenas sí se podían distinguir las siluetas de las casas bajo el reflejo de una luna llena opacada por el velo de las nubes. Todos esperaban la orden de arremeter. Sin embargo, la chusma se contenía por el temor de terminar dándose bala entre ellos. Ya había ocurrido antes. El Vampiro, que era bien mañoso, tuvo la ocurrencia de hacer mecheros y antorchas para alumbrarse, pero algunos estaban muy borrachos y terminaron arrojándolas por gusto sobre los techos de las casas. El pueblo fue una sola llamarada y los que creyeron encontrar refugio seguro echándole tranca a las puertas acabaron carbonizados. Los que salían acosados por el fuego eran recibidos con tiros de fusil, garrote y machete. Las mujeres corrían a esconderse con sus niños, pero eran cazadas y sometidas a toda clase de oprobios. «¡A ellos! ¡Que no quede ni uno vivo! ¡Viva Cristo Rey y el partido conservador!» aullaban los asesinos. Las imágenes eran de terror. Todos corrían sin dirección, unos buscando resquicio por dónde escapar, otros ensañados en la persecución, disparando sin apuntar a todo aquél que no llevara un trapo azul amarrado al cuello o una ancha cinta del mismo color en el brazo izquierdo. No necesitaban apuntar. Cada vez que alguien caía dando gritos de dolor, los de la chusma se hacían escuchar remedando a la víctima. La embriaguez del licor y la sangre les hacía lanzar alaridos y falsetes de corrido mexicano. No hubo escapatoria. Los que corrieron hacia las salidas del pueblo, creyendo estar a salvo, fueron recibidos a tiros. Los que alcanzaron a meterse en los cafetales se encontraron con el filo de los machetes. Las detonaciones cesaron pasada la media noche. Los cascos herrados de las bestias fueron escuchados hasta la madrugada. Después el silencio cubrió el pueblo por completo. Los domingos en Betania la gente aguardaba un poco más en la cama y luego se preparaba para asistir a la misa de siete.

Ese domingo la rutina de Betania cambió y la historia de Colombia también. Los sobrevivientes, conservadores que gozaron de inmunidad por haber pintado cruces azules en las puertas, sacaron la cabeza y chocaron de frente con un cuadro de horror nunca imaginado. La luz débil del alba que apenas despuntaba les dibujó docenas de bultos esparcidos por la plaza y en las calles vecinas, cuerpos destrozados y en posturas grotescas, rostros en los que los machetazos dibujaron muecas macabras, casas convertidas en montones de ceniza y madera humeante. La cuenta oficial de los masacrados no se conoció, tal vez por la vergüenza. Quizá porque ocultar la realidad de los hechos fue lo mejor que encontraron los asesinos para poder contarle a sus hijos una historia hecha a la medida de sus conveniencias. Cuando el diario El Relator calculó que los muertos en Betania podían ser unos trescientos, el abogado José Antonio Luján, presidente del directorio Municipal Conservador de Roldanillo exclamó:

—¡Liberales exagerados! ¡Los muertos no pasaron de doscientos cincuenta!

Roldanillo, ¿Tierra del Alma?

El pasado 27 de mayo publiqué este cartel aludiendo a la ola de homicidios que se viene presentando en esta aldea, que algunos alegremente denominaron "Pueblo mágico". El mensaje fue fuerte y sin rodeos. Es que ante una realidad que golpea de manera tan contundente no podemos aplicar pañitos de agua tibia ni tapar el sol con un dedo, tal como lo quisieran las personas de alta ascendencia que están acostumbradas al fingimiento social. Las reacciones no se hicieron esperar. De inmediato aparecieron las réplicas en forma de reclamo, entre ellas la del excelentísimo doctor Henry Arcila Moncada quien (con una redacción veintijuliera y una ortografía y puntuación como de primaria) escribió lo siguiente:

"Mensajes como este no construyen absolutamente nada , dilapidan la posibilidad de construir con un buen mensaje que hable bien de miles de personas que tambien son Roldanillenses emprendedores y buenos ciudadanos que tienen la fé puesta en seguir construyendo un mejor futuro , perfeccionando el presente que hasta ahora a sido positivo , y colocan a nuestra tierra del alma en el contexto Nacional e internacional con una buena imagen cultural ,turística etc. No quieran mancillar el buen nombre de las gentes de un municipio que a luchado por salir adelante con honestidad y trabajo. De un brochazo querer acabar con la buena imagen de un pueblo que queremos miles de personas y que a salido adelante con mucho esfuerzo, además del amor que le tenemos, es mesquino No le hagan daño a Roldanillo , construyan no destruyan. Muchas bendiciones para todos". (Los resaltados son míos)

Desde el 27 de mayo hasta el día de hoy han transcurrido un poco más de cuatro meses y las palabras del excelentísimo doctor Arcila no le han llegado aún a los mensajeros de la muerte, pues las víctimas cada semana aumentan las estadísticas que se muestran en los muy famosos consejos de seguridad. ¿El cartel que publiqué no construye? ¡Claro que sí! Construye la imagen  de una realidad que no se puede disfrazar con la retórica de los polítiqueros que aprendieron un dircursito cantinflesco, ideal para distraer bobos.

Solo los cortos de entendederas creen que ocultar un problema de violencia logra hacer de Roldanillo una aldea pacífica. ¿Cuántos homicidios han contado las autoridades en el último mes? Claro: el dato no debe ser divulgado porque eso destruiría lo mágico y acabaría con la fantasía. Lo mejor es echarle tierrita al asunto y al difunto y continuar como si nada. Las madres de las víctimas que se las arreglen como puedan, porque el dolor que produce perder un hijo no haría más que "mancillar el buen nombre de las gentes de un municipio que a luchado por salir adelante con honestidad y trabajo". Sigamos fomentando actividades que en Colombia, de tanto rodar el cántaro a la fuente, terminaron asociadas al emprendimiento de sustancias estupefacientes. No denunciemos el aumento de la delincuencia que viene de afuera, pues eso desalentaría la llegada de ese tipo de turistas. No digamos que buena parte de los que nos visitan solo van al Museo, se dan una vulta por ahí y luego se van a almozar y a comprar a los municipios vecinos porque les sale más barato. Ah, y no hagamos público que las cabalgatas acá se hacen sin ningún control, pues tal denuncia no permitiría el maltrato de caballos que son jineteados hasta las tres de la madrugada.



DOSCIENTOS METROS DE VITRINA OFICIAL

 

Convocaron a la prensa de los cinco continentes, notificaron a los líderes de las potencias del mundo, contrataron a los mejores estudios de televisión, sacaron pecho y cacarearon como cluecas… solo para mostrar que habían logrado lo que ellos consideraron la insuperable hazaña de reasfaltar doscientos metros, contados centímetros a centímetro, desde el puente hacia Roldanillo.

¿Que esa reasfaltada era necesaria, así fueran solo doscientos metros? Claro que sí. Ese transitar por tan corto tramo se había convertido en una prueba de altísimo riesgo y, por supuesto, en la vergüenza oficial, aunque al parecer los gobernantes ya perdieron la capacidad de sentirse mal por lo que no pueden hacer bien. En todo caso, si en esta ocasión no hubieran actuado con prontitud para limpiar la sangre dejada por las víctimas y luego rellenar los huecos mortales cercanos a ese tramo, la fuerza del rechazo popular se habría hecho incontenible.

¿Pero hacer tanto alboroto por algo a lo que están obligados los administradores públicos?

Ver la enorme vitrina que montan los gobernantes para mostrar que de vez en cuando cumplen con su deber es algo que nos hace preguntar si están ahí solo para recibir aplausos o para dar curso cabal a la voluntad popular reflejada en un programa de gobierno.

Y lo más asombroso es que si tapan la gotera de una escuela o le hacen por enésima ocasión la innecesaria modificación al parque, sacan el discursito que nada dice pero que la gente aplaude a rabiar, como si no fuera suficiente con el soso duscurso de posesión.

Si la carretera Roldanillo-Zarzal es responsabilidad de los gobiernos departamental y municipales de esas dos entidades territoriales, De su deterioro paulatino es, principalmente, culpable el Ingenio Riopaila. Eso lo sabemos todos. Lo que sí parecemos ignorar es que esa empresa hace importantes aportes en dinero que, ni más faltaba, descuentan religiosamente de los impuestos a pagar, lo que le da vía libre para seguir deteriorando el asfalto per sécula seculorum.Entonces, tapoco es de alabar la iniciativa privada ni la supuesta colaboración en la solución de problemas que atañen directamente a la administración pública.

Si ahora hacen alboroto por apenas doscientos metros de remiendo, ya podemos imaginar lo que sucederá en el próximo siglo, cuando se animen a repavimentar la vía Roldanillo-La Tulia, de la que por cierto el municipio de Bolívar ya hizo su parte.

¿Ya le contaron a sus hijos cómo fue el asunto de la violencia en Colombia?

¿Ya le contaron a sus hijos cómo fue el asunto de la Violencia en las décadas de los 30 a los 60? ¿No se lo han contado?

Claro, es que a ustedes, los que no pasan de los cincuenta años de edad, tampoco se lo contaron. La razón es muy simple: A nuestros padres y abuelos y bisabuelos y tatarabuelos les dio vergüenza decirnos que en Colombia hubo una guerra que fue llamada “La Guerra de los Mil Días” en la que se enfrentaron liberales y conservadores por una pendejada: por tener el PODER en sus bolsillos. Y escribo en mayúsculas esa palabreja porque es evidente que quien guarda en sus baúles unos cuantos miles de billones de pesos es también el que se embolsa el poder ejecutivo, el poder judicial y el poder legislativo. Nada menos.

Les cuento… La “Guerra de los Mil Días”, que inició en 1899, fue ganada por los conservadores (o godarria) en un fotofinish espectacular, pues de los 300.000 muertos que se calcularon en tres años de matanza, la godarria pasó la línea de meta con apenas 15.000 menos que los liberales (o cachiporros). Ustedes dirán que tan pocos muertos de diferencia ameritaban un acuerdo de empate, una equitativa repartición burocrática que dejara contento a todo el mundo. Pero resulta que nuestros queridos padres y abuelos y bisabuelos y tatarabuelos no habían ido solamente a matar supuestos enemigos políticos para luego repartirse los puestos oficiales. No, señor. Ellos fueron a matar porque necesitaban correr las cercas de sus fincas y quedarse abusivamente con la parcelita vecina.

Como el poder de unos es para joder a los demás, los conservadores ondearon la bandera azul para gobernar hasta 1930, sin darle participación del pastel burocrático a los liberales. Como si eso fuera poco, los persiguieron como a ratas de alcantarilla para eliminarlos con la disculpa de que eran comunistas. ¡Qué falta de imaginación! Hasta los curas, que siempre han llevado al rebaño por la senda de la ignorancia, gritaban desde los púlpitos que «matar liberales no es pecado». Desde entonces los godarria siguió asesinando y enseñándole a sus hijos a asesinar cachiporros, hasta que en 1930 Olaya Herrera, ondeando la bandera roja, llegó para sentarse en el mullido sillón de la Presidencia de la República de Colombia. Pero apenas por cuatro años.

¿Me preguntan ustedes cuál es la diferencia entre liberales y conservadores?

Ninguna, salvo el color de la bandera, que es lo único que diferencia a un grupo religioso de otro. O a un equipo de fútbol de otro que, en últimas, son los mismos dándole patadas al mismo balón.

Y lo digo porque cuando los de la bandera roja subieron al PODER, pero no para gobernar como lo indica la Constitución, sino para perseguir a los de la bandera azul con el fin de matarlos por haberlos perseguido, pero principalmente porque necesitaban correr las cercas de sus fincas y quedarse abusivamente con la parcelita vecina.

Los liberales (asquerosos comunistas, según la godarria fascista de aquella época) quisieron volver a sentarse en el sillón presidencial y se fueron con dos candidatos: Gabriel Turbay, liberal más godo que los mismos godos, y Jorge Eliécer Gaitán, un poquito liberal pero, en realidad, bien populista. Los godos vieron que con Gaitán peligraba su lucrativo negocio de correr las cercas de sus fincas y entonces decidieron borrarlo del mapa nacional (Tradúzcase borrar como asesinar). La gracia le costó a Colombia nada menos que un rosario de matanzas en nombre del partido liberal y el conservador que dejó en ocho años más de cuatrocientas mil tumbas. Los cementerios se convirtieron en la sede de los directorios políticos y las funerarias en el negocio más rentable de este país. Hasta que se inventaron eso del “Frente Nacional” que no fue otra cosa que un acuerdo para repartirse el botín por partes iguales. En esencia fue dejar que los godos robaran cuatro años y luego, en los siguientes cuatro años, robaran los cachiporros.

¿Qué motivó a darnos plomo y machete sin compasión? Ya lo saben: el PODER.

«¿El poder para qué?» Preguntó ingenuamente Darío Echandía. ¡Hombre!, Pues para joder a quienes no lo tienen y, de refilón, perseguir a los contrarios y matarlos con cualquier pretexto, pero principalmente porque necesitaban correr las cercas de sus fincas y... sí, quedarse abusivamente con la parcelita vecina.

El PODER… Es que el poder es el basuco de potentados y políticos, pues el que lo prueba le queda gustando y para conservarlo no importa perder su dignidad, autoestima y vergüenza, ni hundirse en ese profundo pozo de mentiras del que ya no se puede salir.

Pero no vayan a creer que los que mataban eran los grandes ganaderos, los grandes hacendados, los grandes empresarios… No, señor. Ellos lo único que hicieron fue mandar a jalar el gatillo o a asestar el machetazo creyendo que con solo mandar estaban libres de culpa ante los ojos de su Dios. Los que sí se untaron las manos de sangre –desde la punta de los dedos hasta los codos- fueron nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres, nuestros parientes lejanos en el tiempo, esos campesinos, obreros, artesanos, minúsculos comerciantes, todos sumidos en una ignorancia que fue propicia para alimentar el fanatismo que en este país es más abundante que las ollas de vicio, esas que la policía no ha podido acabar en los 1.103 municipios de este país marimbo-cocalero.

Ellos también sacaron ganancia de sus actos criminales, pues no tenían nada y de la noche a la mañana aparecieron como los dueños de fincas cafeteras y que les escrituraron gracias a la bondad de algunos notarios. Entonces no nos sorprendamos (o simplemente finjamos sorpresa) si en el fondo del armario de nuestras casas encontramos un papelito que dice que los tatarabuelos, bisabuelos, abuelos o los amantísimos padres salían de noche a cazar,,, no guatines (que esos ya los habíamos extinguido) sino a los contrarios políticos. Sí, lo mejor es que finjamos sorpresa. Después de todo, en la masacre partidista que iniciamos en 1899 -y que muy juiciosos hemos mantenido hasta el día de hoy- hay muy pocas familias que se atrevan a tirar la primera piedra, pues así como todos tenemos un negro y un indígena escondido en nuestros genes, todos también tenemos un criminal escondido en las ramas secas de nuestros podridos árboles genealógicos.

Por todo lo anterior es que cada tantos años nos inventamos otro conflicto con otros protagonistas que se han hecho llamar guerrilleros, autodefensas, paramilitares, en fin: defensores de la democracia y protectores del pueblo. Y hay que agregar a los narcotraficantes, por supuesto, que hacen parte de otra narrativa sin ideología pero que tiene muchas velas en el entierro de lo político.

Bueno, ¿y para qué ha servido toda esa violencia?

Pues yo creo que ha servido para que los liberales sean más godos que los godos y pierdan la memoria. Y los conservadores sean más fachos que Hitler y Mussolini juntos. En cuanto a los comunistas -los verdaderos comunistas de directorio y carné- siguen chorreando la baba de un discurso al que no le han cambiado ni una coma, mientras los progresistas tratan de sacudirse las viejas ideas y hacen esfuerzo por comprender las de avanzada. Pero ahí vamos. Unos y otros, echándole gasolina a una llamita que, gracias a las redes sociales, puede volver a incendiar esta patria que ya no nos pertenece.

NOTA FINAL:

El cuento completo lo consguen en LA VIOLENCIA EN COLOMBIA de Monseñor Germán Guzmán Campos

Otros textos de referencia:

Los años del tropel - Alfredo Molano

Las vidas de Pedro Antonio Marín (Titofijo) - Arturo Alape

Viento seco - Daniel Caicedo

Bandoleros, gamonales y campesinos - Gonzalo Sánchez

Lo que el cielo no perdona - Padre Fidel Blandón

Chulavitas, Pajaros y Contrachusmeros. La violencia parapolicial como dispositivo antipopular años 50 - Gina Paola Rodriguez

Colonización y violencia en el Valle del Cauca

El_Bandolerismo en el Valle del Cauca 1946-1966 Johnny Delgado Madroñero

Mediadores, Rebuscadores, Traquetos y Narcos. (1998). Valle del Cauca 1890-1997 - Darío Betancourth Echeverry

Las cuadrillas bandoleras del norte del Valle, en La Violencia de los años cincuentas - Darío Betancourt Echeverry

Crónica de una vergüenza-El papel de las AUC en el Valle -Adolfo León González Grisales

Si alguien tiene interés en uno o varios de esos títulos, puede solicitarlo en los comentarios. Se lo enviaré en formato PDF

Entre muchas cosas, hay que decir lo mismo pero al contrario

Lo que pasa es que algunos miopes no ven las maravillas de nuestra aldea, pero Roldanillo es el verdadero paraíso terrenal, el único.

Por eso, entre muchas cosas y para no herir susceptibilidades de los dueños de la integridad social y moral, no se debe decir que en la época de la Violencia Política cientos de campesinos de la zona rural montañosa fueron desplazados y despojados de sus parcelas por los terratenientes. Lo que hay que decir es que en unos tiempos difíciles para el partido los respetados propietarios de inmensas haciendas invitaron amablemente a los laboriosos campesinos para que fueran a probar suerte en las ciudades. Lastimosamente esos laboriosos campesinos se volvieron perezosos y no regresaron a sus parcelas, desaprovechando las grandes oportunidades que les brindaba la ciudad.

No se debe decir que aquí hay un incremento de muertes violentas con armas de fuego por causa de la llamada “guerra del microtráfico”. Lo que hay que decir es que, actualmente, se presenta una situación que se sale de lo regular y que merece ser analizada, pues parece ser que existen lamentables discrepancias entre los empresarios de las sustancias que aún no han sido reguladas para su libre comercialización.

No se debe decir que aquí se destruye el patrimonio arquitectónico con la complicidad planeación municipal. Lo que hay que decir es que aquí se respira un refrescante aire de renovación que parece agradar al distinguido director de la oficina que vela por el orden urbanístico de la ciudad y está para promover los cambios y no permitir que nos quedemos al margen de la modernidad al seguir presentando a los visitantes un montón de edificios pasados de moda.