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No hay que perder el tiempo con fanáticos

No hay que perder el tiempo en discusiones que tengan que ver con la política parroquial. Y si excepcionalmente se hace, no hay que ir más allá de los aspectos generales. Es que ese tema resulta tan candente que fácilmente exalta las pasiones y lleva a una persona inteligente a apartarse del diálogo civilizado y a adentrarse en el parloteo incongruente que gira y gira, como un carrusel, sin llegar a parte alguna.

Nada es más desgastante que caer en la trampa de aquellos que creen poseer la única verdad, porque de esa supuesta única verdad nadie los apartará. Sin embargo, en las redes sociales se ve a diario el espectáculo grotesco que arman los que salen a replicar a sus contrarios de bando político sin exponer ningún argumento de peso o, al menos, coherente. Porque lo que vale es es el insulto, la burla, la frase malintencionada, la mentira descarada, la noticia falsa, el concepto distorsionado, prácticas de las que no fueron ajenos figuras de la nacionalidad colombiana como el preclaro estandarte del conservatismo Miguel Abadía Méndez, quien acuñó el término COMUNISTA para referirse a todo aquel que no fuera devoto del Sagrado Corazón de Jesús y del partido conservador. Algo muy simplista y propio de las mentalidades obtusas.


Por eso, no hay que perder el tiempo discutiendo con estúpidos fanáticos porque a ellos no les importa el debate; al contrario: evitan esos escenarios donde la inteligencia es expuesta, pues son conscientes de su icapacidad intelectual. Ellos solo saben atacar con violencia verbal pues su único objetivo no es llegar a la verdad sino imponer su criterio, ganar a como de lugar así no se tenga la razón. De ahí que siempre asuman una actitud arrogante e irrespetuosa a las ideas de los demás.

Los estúpidos fanáticos son propensos a distorsionar la realidad y difundir la falsedad. Son mentirosos cumpulsivos y terminan convencidos de que sus mentiras son la única verdad. Y de ahí nadie los sacará. Entonces, no debatas con ellos, no intentes mostrarles la otra cara de la moneda, porque su moneda solo es de una sola cara. Además, recuerda que el tiempo que gastas tratando de establecer un debate con altura lo puedes dedicar a construir tu sosiego. Cuando la ignorancia de esos personajes vocifere, tu inteligencia debe guardar prudente silencio.

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