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LA HISTORIA PUEDE REPETIRSE

En la ardua tarea de filtrar toda la basura que la gente publica en las redes sociales encontré un vídeo-mensaje (REEL dicen los más sofisticados que yo) publicado por el catedrático Jorge Aguilera. Allí hace un somero pero contundente análisis de la situación que ya empezamos a vivir en esta Colombia que nadie entiende. Basado en reflexiones que salen de su lectura especializada, el catedrático Jorge Aguilera nos señala cómo la historia vivida en la Alemania nazi se vuelve a repetir aquí. Aunque sería mejor decir que se viene repitiendo desde 1948, cuando la llamada época de la violencia se fue abriendo paso hasta desembocar en una serie de masacres de las que no podemos sentirnos orgullosos. No podemos olvidar que hubo un presidente colombiano llamado Laureano Gómez, alias “el basilisco”, llamado así por esa mirada dura que caracteriza a los criminales.

Laureano Gómez fue un falangista y nazi declarado. Se sentía orgulloso de su pensamiento retorcido y su mayor mérito fue echarle gasolina a las brasas del fanatismo que había dejado su antecesor, Mariano Ospina Pérez. Eso no lo sabe la gente de ahora, porque los protagonistas de una matanza continuada que dejó casi 300000 muertos en 10 años son expertos en tapar sus cagadas como lo hacen los gatos. Por eso esa etapa negra de nuestra historia poco a poco se diluye en el olvido. Ya casi nadie recuerda que todo comenzó con el fervor y el lenguaje incendiario de los dirigentes conservadores, que empezaron a llamar comunistas, a los liberales y a sembrar en la mente del pueblo raso el odio a muerte contra los que no estaban en sus filas. Eso lo copió Laureano Gómez, de los fascistas italianos de los nazis alemanes y de los falangistas españoles.

¿No les han contado como las familias liberales tenían que esconderse y dormir en los cafetales para que los conservadores no las masacraran? Parece que no. Es que daría vergüenza contar que esos que hoy ven comunistas en toda parte fueron los comunistas de hace 75 años. No podemos perder la memoria de manera tan olímpica. No podemos ignorar que lo que actualmente estamos viendo es una copia de lo que ocurrió hace 75 años, cuando el basilisco Gómez pregonaba arrasar con todo lo que no fuera conservador, destripar a los liberales, incendiar pueblos para quemar la semilla de un comunismo que solo existía en su retorcida mente. El pueblo ignorante siguió al pie de la letra esas consignas y Colombia quedó alfombrada de cadáveres.

El catedrático Jorge Aguilera nos pone en alerta y justifica su preocupación por hechos como el sucedido en pasto, donde una joven mujer fue agredida con el pico de una botella y terminó con la cara tasajeada por no ser seguidora del elegido presidente. O el ataque de dos sujetos que al grito de ¡firmes por la patria! atacaron a los actores de una representación teatral. O como el de la convocatoria por redes sociales a conformar grupos, como ya hay uno en valledupar, para empezar a destripar, tal como lo anunció su líder. Esto es muy grave. Y de seguir así no pasará mucho tiempo para que veamos por los caminos de este país a las hordas de la Gestapo y las SS criollas.

¿Qué les han prometido a los seguidores de la derecha ultra-fascista? Nada que no le hayan ofrecido los anteriores presidentes. Nada que ya no le hayan dado los anteriores presidentes. Éste, como abogado de narcotraficantes y asesinos paramilitares, aprendió a conocer la naturaleza de los colombianos y les ofreció, además limpiar a Colombia de la basura comunista, saciar su instinto criminal, destripando comunistas. Porque si ayer no era pecado matar liberales hoy serán merecedores del cielo los que asesinen a los que no están con el nuevo mesías.

Recordemos que alguien propuso recientemente dividir el Cauca para separar a los indígenas, como lo hizo Hitler con los judíos. Y hace apenas algunos días otro personaje de este circo político señaló como conveniente el espionaje electrónico a los que no siguen el rugido del depredador, como lo hizo Joseph Goebbels. Algunos dirán que estas palabras son muestras de paranoia alarmista. Otros dirán que los contradictores deben asumir las consecuencias. Es muy fácil verlo así cuando se está en ese estado de ingenuidad e ignorancia en que son mantenidos los no sé cuántos millones de colombianos que aún creen en los políticos.