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DE LAS CONVIVIR A LOS BLOQUES DE DEFENSA

El abogado de narcotraficantes y paramilitares y ahora electo presidente de este platanal ha anunciado la creación de un BLOQUE DE DEFENSA PARA LA SEGURIDAD URBANA. De inmediato salieron sus descerebrados seguidores a aplaudir tan maravillosa idea y comentar que “Ahora sí van a desaparecer las ratas y toda esa gente que nos hace daño”. Toda esa gente es, desde luego, los que no son su adoradores. La idea no es nueva. En 1994 fueron creadas las Cooperativas de Vigilancia y Seguridad privada para la Defensa Agraria, que tuvo una derivación denominada Servicios Comunitarios de Vigilancia y Seguridad Privada, que terminó conociéndose como las Convivir o Grupos de Autodefensa. Su gestor fue el entonces presidente de la República César Gaviria Trujillo con el apoyo ideológico y logístico del ministro de Defensa Rafael Pardo Rueda y el respaldo económico de la Federación Nacional de Ganaderos.

¡Y uno creyendo que fue Uribe Vélez el del invento!

Pero no, el venerable y criminal anciano solo les dio un sentido práctico a las Convivir y las convirtió en la herramienta efectiva para eliminar a… Sí señores: para eliminar las ratas, los malandros, los indeseables, los comunistas y “toda esa gente que le estaba haciendo daño al país”. Lo malo es que en ese noble propósito casi deja a Colombia sin campesinos. ¿Lo recuerdan? Imposible que lo hayan olvidado en tan poco tiempo.

El abogado de narcos y paras ha sido honesto con el pueblo colombiano y en ningún momento ha mostrado el disfraz de oveja. Al contrario: Desde su saludo militar y su grito de ¡Firmes por la Patria! Le ha dicho al pueblo colombiano que él es un fascista de tiempo completo y que como presidente no será inferior a esa execrable imagen. Incluso no se adornó para decir que este era un país de cafres, con la seguridad de que un altísimo porcentaje de sus electores creyeron que esa palabra era un elogio.

Las Convivir de Gaviria nacieron desde el marco de la legalidad. Nadie podía afirmar que eran una incipiente incubadora de asesinos y, por el contrario, las imaginamos como un servicio de vigilancia comunitaria bien organizado, hasta que Uribe Vélez las convirtió en una máquina de exterminio indiscriminado. ¿Quién acuñó la frase: “Es mejor que mueran tres inocentes y no que vivan cien guerrilleros”? Los que participaron en masacres como la de El Aro, San Carlos de Guaroa, Mapiripán, La Gabarra, La Rochela, etc. etc. etc. etc. etc.

No faltarán los que salgan a pedir mesura y afirmen que no se puede comparar la propuesta del abogado de narcos y paras con lo ocurrido desde 1994. Si estuviéramos en el Paraíso Terrenal, tal vez. Pero estamos en Colombia país donde la violencia está enquistada en nuestros genes. Y la amnesia no es una carencia sino una conveniencia.

LA HISTORIA PUEDE REPETIRSE

En la ardua tarea de filtrar toda la basura que la gente publica en las redes sociales encontré un vídeo-mensaje (REEL dicen los más sofisticados que yo) publicado por el catedrático Jorge Aguilera. Allí hace un somero pero contundente análisis de la situación que ya empezamos a vivir en esta Colombia que nadie entiende. Basado en reflexiones que salen de su lectura especializada, el catedrático Jorge Aguilera nos señala cómo la historia vivida en la Alemania nazi se vuelve a repetir aquí. Aunque sería mejor decir que se viene repitiendo desde 1948, cuando la llamada época de la violencia se fue abriendo paso hasta desembocar en una serie de masacres de las que no podemos sentirnos orgullosos. No podemos olvidar que hubo un presidente colombiano llamado Laureano Gómez, alias “el basilisco”, llamado así por esa mirada dura que caracteriza a los criminales.

Laureano Gómez fue un falangista y nazi declarado. Se sentía orgulloso de su pensamiento retorcido y su mayor mérito fue echarle gasolina a las brasas del fanatismo que había dejado su antecesor, Mariano Ospina Pérez. Eso no lo sabe la gente de ahora, porque los protagonistas de una matanza continuada que dejó casi 300000 muertos en 10 años son expertos en tapar sus cagadas como lo hacen los gatos. Por eso esa etapa negra de nuestra historia poco a poco se diluye en el olvido. Ya casi nadie recuerda que todo comenzó con el fervor y el lenguaje incendiario de los dirigentes conservadores, que empezaron a llamar comunistas, a los liberales y a sembrar en la mente del pueblo raso el odio a muerte contra los que no estaban en sus filas. Eso lo copió Laureano Gómez, de los fascistas italianos de los nazis alemanes y de los falangistas españoles.

¿No les han contado como las familias liberales tenían que esconderse y dormir en los cafetales para que los conservadores no las masacraran? Parece que no. Es que daría vergüenza contar que esos que hoy ven comunistas en toda parte fueron los comunistas de hace 75 años. No podemos perder la memoria de manera tan olímpica. No podemos ignorar que lo que actualmente estamos viendo es una copia de lo que ocurrió hace 75 años, cuando el basilisco Gómez pregonaba arrasar con todo lo que no fuera conservador, destripar a los liberales, incendiar pueblos para quemar la semilla de un comunismo que solo existía en su retorcida mente. El pueblo ignorante siguió al pie de la letra esas consignas y Colombia quedó alfombrada de cadáveres.

El catedrático Jorge Aguilera nos pone en alerta y justifica su preocupación por hechos como el sucedido en pasto, donde una joven mujer fue agredida con el pico de una botella y terminó con la cara tasajeada por no ser seguidora del elegido presidente. O el ataque de dos sujetos que al grito de ¡firmes por la patria! atacaron a los actores de una representación teatral. O como el de la convocatoria por redes sociales a conformar grupos, como ya hay uno en valledupar, para empezar a destripar, tal como lo anunció su líder. Esto es muy grave. Y de seguir así no pasará mucho tiempo para que veamos por los caminos de este país a las hordas de la Gestapo y las SS criollas.

¿Qué les han prometido a los seguidores de la derecha ultra-fascista? Nada que no le hayan ofrecido los anteriores presidentes. Nada que ya no le hayan dado los anteriores presidentes. Éste, como abogado de narcotraficantes y asesinos paramilitares, aprendió a conocer la naturaleza de los colombianos y les ofreció, además limpiar a Colombia de la basura comunista, saciar su instinto criminal, destripando comunistas. Porque si ayer no era pecado matar liberales hoy serán merecedores del cielo los que asesinen a los que no están con el nuevo mesías.

Recordemos que alguien propuso recientemente dividir el Cauca para separar a los indígenas, como lo hizo Hitler con los judíos. Y hace apenas algunos días otro personaje de este circo político señaló como conveniente el espionaje electrónico a los que no siguen el rugido del depredador, como lo hizo Joseph Goebbels. Algunos dirán que estas palabras son muestras de paranoia alarmista. Otros dirán que los contradictores deben asumir las consecuencias. Es muy fácil verlo así cuando se está en ese estado de ingenuidad e ignorancia en que son mantenidos los no sé cuántos millones de colombianos que aún creen en los políticos.

EL BANDOLERISMO EN EL VALLE DEL CAUCA (1946-1966) es un libro de Jhonny Delgado Madroñero que se lee de un solo tirón. En él se da una visión fugaz del actuar de los grupos de asesinos que asolaron esta región en nombre de dos partidos políticos, dejando a su paso muerte, saqueo, dolor y miseria entre la población que conforma la base social, especialmente pequeños campesinos, obreros y jornaleros liberales que empezaron siendo víctimas de los conservadores y terminaron igualando el odio y la crueldad de sus victimarios, cometiendo actos abominables que en el presente constituyen motivo de vergüenza… Para quienes aún la sentimos.

Me permito compartir dicho libro con el fin de no dejar en el olvido episodios que los arrodillados historiadores oficiales no se atreven a mencionar ni siquiera en voz baja.

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Los de este lado y los del otro

En Colombia nunca ha existido un verdadero y serio debate ideológico, pese a que somos politólogos desde antes del nacimiento. Aquí lo que siempre ha existido es algo similar a dos clubes de fans cuyos miembros gritan como algunas muchachitas histéricas que, incluso, caen en el paroxismo cuando ven a su ídolo en el escenario.

Esta Colombia, según Alvaro Tirado Mejía, se dividía en dos grupos: Los esclavistas, burócratas, terratenientes, militares de alto rango y clero, para quienes la situación era ideal y debía ser mantenida a toda costa. Y los comerciantes (¡sí, los comerciante!), los indígenas, los esclavos y los artesanos que apoyaban la idea de modernizar el Estado. Criollos y chapetones se decían.

Luego vinieron los bolivarianos y santanderistas. Los primeros pensaban que este platanal debería seguir siendo colonia española. Recuerden que Bolívar, releyendo la Biblia, decía que “Al rey se le obedece, pero no se le acata”. Y Mariano Ospina Rodríguez recalcaba que “la abolición de la esclavitud afectaba los intereses económicos de los esclavistas, porque perderían el dinero que los esclavos les habían costado y se verían obligados a contratar jornaleros. Además, hacer que todos los hombres fueran iguales, les derrumbaría su poder social.

Los santanderistas, en cambio, propugnaban por un Estado con cambios sociales, principalmente en: Abolición de la esclavitud, Libertad absoluta de imprenta y de palabra, Libertad religiosa, Libertad de Enseñanza, Sufragio Universal, directo y secreto, Disminución de las funciones del Ejecutivo, Fortalecimiento de las Provincias, Abolición de los monopolios, Abolición del ejército, Expulsión de los Jesuitas.

Así, en pocas palabras, nacieron los partidos políticos que actualmente ya no se llaman conservador y liberal sino que toman el nombre del cacique que lidera a cada grupo. Eso viene ocurriendo desde que esos caciques se dieron cuenta que el pueblo raso es como la plastilina y que eso de seguir ideas pasó de moda porque lo que se estila ahora es seguir personas, como algunas muchachitas histéricas que, incluso, caen en el paroxismo cuando ven a su ídolo en el escenario.

No hay que perder el tiempo con fanáticos

No hay que perder el tiempo en discusiones que tengan que ver con la política parroquial. Y si excepcionalmente se hace, no hay que ir más allá de los aspectos generales. Es que ese tema resulta tan candente que fácilmente exalta las pasiones y lleva a una persona inteligente a apartarse del diálogo civilizado y a adentrarse en el parloteo incongruente que gira y gira, como un carrusel, sin llegar a parte alguna.

Nada es más desgastante que caer en la trampa de aquellos que creen poseer la única verdad, porque de esa supuesta única verdad nadie los apartará. Sin embargo, en las redes sociales se ve a diario el espectáculo grotesco que arman los que salen a replicar a sus contrarios de bando político sin exponer ningún argumento de peso o, al menos, coherente. Porque lo que vale es es el insulto, la burla, la frase malintencionada, la mentira descarada, la noticia falsa, el concepto distorsionado, prácticas de las que no fueron ajenos figuras de la nacionalidad colombiana como el preclaro estandarte del conservatismo Miguel Abadía Méndez, quien acuñó el término COMUNISTA para referirse a todo aquel que no fuera devoto del Sagrado Corazón de Jesús y del partido conservador. Algo muy simplista y propio de las mentalidades obtusas.


Por eso, no hay que perder el tiempo discutiendo con estúpidos fanáticos porque a ellos no les importa el debate; al contrario: evitan esos escenarios donde la inteligencia es expuesta, pues son conscientes de su icapacidad intelectual. Ellos solo saben atacar con violencia verbal pues su único objetivo no es llegar a la verdad sino imponer su criterio, ganar a como de lugar así no se tenga la razón. De ahí que siempre asuman una actitud arrogante e irrespetuosa a las ideas de los demás.

Los estúpidos fanáticos son propensos a distorsionar la realidad y difundir la falsedad. Son mentirosos cumpulsivos y terminan convencidos de que sus mentiras son la única verdad. Y de ahí nadie los sacará. Entonces, no debatas con ellos, no intentes mostrarles la otra cara de la moneda, porque su moneda solo es de una sola cara. Además, recuerda que el tiempo que gastas tratando de establecer un debate con altura lo puedes dedicar a construir tu sosiego. Cuando la ignorancia de esos personajes vocifere, tu inteligencia debe guardar prudente silencio.