Se sabe que los servidores públicos (que a la hora del te no sirven para nada) son personas a las que no se les puede exigir un nivel cultural mínimo. Eso sería como pedirle peras al olmo. Por eso, con ellos no se puede hablar de arte, de literatura, de música de altura porque ellos no leen, salvo lo que corresponde a las partidas presupuestales. Por eso, también, las denominadas casas de la cultura en su generalidad quedan convertidas en sedes de reuniones políticas.
En Roldanillo las cosas no son diferentes. Baste con decir que los artistas, que aquí surgen y abundan como las yerbas silvestres, ni por equivocación reciben un impulso oficial que justifique esa hipérbole de "Meridiano de la cultura" con que alguna vez Rayo bautizó esta aldea. ¿Cuántas veces ha asistido el alcalde al Museo para una apertura de exposición, una presentación de ballet, una obra teatral, un concierto o un recital? Por favor, no sonrían de esa manera tan malévola.
Para muestra del estado de virginidad intelectual que exhiben nuestros gobernantes, les entrego esta perla: La capilla de La Ermita sufrió graves daños estructurales, presentando agrietamientos y la caída de una parte del frontis, cuyos escombros quedaron tirados en el andén de la entrada. Pasados seis días, los escombros seguían ahí y en el perímetro de la capilla no había el acordonamiento de seguridad que se exige en estos casos, lo que nos hace preguntar: ¿Por qué cuando hay una narcocabalgata el alcalde vuela a cerrar el pueblo con vallas de Aguardiente Blanco del Valle y en este caso no tuvo alas para cerrar las vías de los sectores de alto riesgo? Muy extraño, ¿verdad?.
Pero ahí no para la alcaldada. Resulta que una comisión encabezada por la arquitecta María Cluadia Villegas de la Universidad Javeriana llegó para evaluar los daños sufridos por aquellas construcciones consideradas como patrimonio histórico o arquitectónico y preguntó en donde habían ubicado el material caído del frontis. El alcalde no supo responder y se limitó a lamentarse por no saber que se los habían llevado. Claro que no solo de eso se tiene qué lamentar. Se tiene que lamentar de no saber dónde fueron arrojados. Se tiene que lamentar de no haber estado atento y oportuno a lo que se estaba ocurriendo, pues mientras los jóvenes de Roldanillo acudieron casi que de inmediato a prestar auxilio, a tratar de rescatar lo rescatable, a conseguir las ayudas necesarias sin que nadie los convocara, el señor alcalde se manifestó con un decretico e instaló la sede de la aldministración en un lugar que, por su desconocimiento, presentaba riesgo. Es decir, improvisó.
¿Y por qué era importante guardar en logar seguro esos escombros en particular? Pues porque hacían parte del material original con que fue contruido ese frontis. Además, según lo dicho por quienes saben del asunto, ese tipo de ladrillo ya no se elabora y si se reemplazan por los que fabrica don Rudesindo en su galpón artesanal, no es lo mismo. Sería como ponerle un repuesto de Renault-4 a un Rolls Royce. Nada menos.








