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Inaugurando la tapada de una gotera

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Desde hace varios días -meses, tal vez- Josías Parra hizo periódicas denuncias en Facebook sobre el abandono a que estaban sometiendo la capilla de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Hasta ahí muy bien. Pero ocurrió que su voz alertando sobre el deterioro del techo, que dejaba filtrar goteras en los días de lluvia no solo fue desatendida en su momento, sino que empezó a recibir críticas de quienes no ven más allá de un palmo de narices. “Usted no hace sino criticar y no ve las cosas positivas” le dijo una señora discípula de Walter Rizo. El político Henry Arcila, a quien Roldanillo le debe muchísimo más de lo que ha hecho, le escribió en la publicación: “Josías, aprenda a vivir en sociedad”, en vez de decir, con el clásico tono de los que han vivido de la ubre pública: “Vamos a gestionar y buscar los recursos para solucionar ese grave problema". Desde luego que las manifestaciones de apoyo tampoco se hicieron esperar y, para tranquilidad del denunciante, sobrepasaron en número a los alaridos de recriminación.

Lo grave de todo es que la administradora de ese patrimonio histórico, la hermana Aura María, fue y regresó y volvió de nuevo a la sede de la alcaldía municipal de tratando de ser oída. Primero exigió, luego sólo pidió y finalmente rogó -como si rogara a su Dios- que mandaran unos obreros para que taparan las goteras y así evitar que el cielorraso se desfondara. Oídos sordos. Como para quitarse la molestia de encima, el alcalde hizo lo que todo alcalde que se precie de ser más polítiquero que alcalde: le dijo a la hermana Aura María que fuera a la Secretaría de Cultura y Turismo, que allá era donde ponían las garzas. Como cosa extraña en este país, de allá la regresaron a la alcaldía y de la alcaldía al Ministerio de Cultura. Mejor dicho: No le solucionaron lo de la cultura, pero sí la mandaron de turismo, sin gastos pagos, por las dependencias que no alcanzó a conocer Kafka, pero que ella recorrió en el transcurso de más de un año. Ahí fue donde intervino Josías, tan abogado del diablo como este servidor. Y ahí fue cuando mi amigo le sugirió al señor Henry Arcila que moviera sus influencias y realizara alguna gestión ante el Ministerio de Cultura, y el político -fiel al tratamiento que se le debe dar al simple parroquiano- lo mandó a que aprendiera a vivir en sociedad. Casi que lo manda a comer mierda. Casi.

Al final de cuentas, pese a que el alcalde y el secretario de Cultura y Turismo aseguraran que el asunto no era de su competencia aldeana sino del gobierno central, enviaron a unos trapecistas (¿Cómo llamarle a unos hombres trepados en andamios, a gran altura y sin arneses de seguridad?) que en menos de lo que canta un gallo taparon los huecos y, de paso, le taparon la boca a la hermana Aura María y a Josías. Sin embargo, me queda una duda: Si ese asunto no era de la incumbencia municipal ¿De dónde salió el dinero para tapar los huecos de propiedad del gobierno nacional? Bueno, no importa… ellos saben cómo hacen las cosas.

Ahora veo uno de esos comunicados que la alcaldía expide para deleite de los amantes de la buena redacción y ortografía. Anúncian que… Mejor véanlo ustedes Lo más notorio es la desfachatez con que posa la oficialidad. Hay servidores públicos que inauguran hasta la tapada de una gotera, cuando solo era taparla y ya. Ya saben por qué este es pueblo de mágicos

¿Y Josías? Ah, a él es a quien le debemos dar las gracias por dedicarse a empujar paquidermos.


Roldanillo, 3 de julio de 2022

Dizque salvando la democracia

 Si usted fue de los que repitió y repitió que su voto sería para salvar la democracia, permítame hacerle notar que lo que hizo fue, simplemente, ejercer el derecho a elegir y ser elegido; es decir: solo estaba participando en un acto ciudadano, de la misma manera que su contrario político, ése que también votó con el mismo argumento: Salvar la democracia. 


Tal vez el agite vivido a lo largo de esta campaña electoral no le permitió discernir que lo que realmente usted estaba defendiendo no era otra cosa que los intereses de su candidato y, de pronto, algunos intereses suyos. Sobre eso no hay que profundizar mucho porque su inteligencia ya había despejado cualquier duda al respecto. ¿Tal vez consideró que, de toda forma, ese era un magnífico argumento para arrear hacia las urnas a aquellos que no se paran a analizar sus actos políticos y caminan a tientas a pesar de gozar de una visión perfecta? Si fue así, permítame también decirle que lo que usted hizo no fue más que caer en los vicios ancestrales de los políticos que usted ha seguido. Porque aquí no seguimos ideas o propuestas -menos aún perspectivas ideológicas- sino a personas que saben como arrastrar tras de sí a una muchedumbre sin tener que hacer sonar la flauta. Aquí ni siquiera seguimos plataformas políticas sino a personas cuyo mérito es tener más astucia que inteligencia y más prontuario criminal que hoja de vida y demostrada honestidad. 


Todos sabemos que desde los tiempos de Bolívar y Santander la política en Colombia se viene nutriendo de falacias, trampas, engaños. Nuestra forma de hacer política se ha basado en la táctica del desprestigio al contrario. Después de la llamada Guerra de los Mil Días, la palabra mágica para deslegitimar fue COMUNISMO. El concepto maniqueísta del término comunista sigue vigente, solo que en la actualidad le hemos agregado dos elementos de efectos harto nocivos: el insulto que se escuda en las sombras de las redes sociales y el cuestionamiento ético fundamentado en la desinformación. 


En la campaña por la presidencia de la República quedó claro que ese los votos no se consiguen con ofertas sociales ni con las re-manidas promesas electoreras, sino con ofensas, afirmaciones alejadas de la realidad, injurias y calumnias, señalamientos irresponsables. Todos los que nos asomamos a Facebook o Twitter hemos caído en el juego sucio, Todos hemos participado de alguna manera, directa o indirectamente, unos mintiendo descaradamente, otros exponiendo verdades a medias y el resto publicando historias convenientes a su interés particular. Y todo dizque por salvar la democracia. ¿Cuál democracia? ¿La suya? o ¿la mía? 


Como sea, mañana elegiremos la persona que guiará durante cuatro años un país que merece mejor suerte que la mostrada hasta ahora. ¿Quién ganará? No importa. Los siete candidatos piensan en una mejor Colombia para los colombianos. Desde Bolívar y Santander se viene diciendo lo mismo. ¿Aguantaremos otros doscientos diez años más?





Yo te insulto, tú me insultas, nosotros nos insultamos

 Si usted cree que a partir del 30 de mayo este país será diferente, tiene una visión muy romántica de la historia de Colombia y de los colombianos. Después de haber elegido presidente, Colombia seguirá el mismo rumbo y no dejará de ser el valioso botín por el que irán los políticos codiciosos, mientras los colombianos estaremos, como siempre, ocupados en mantener vivo un odio sin sentido. Y no es que repitamos la historia; simplemente no hemos querido terminarla. 

Si no fuera una falacia, se podría decir que ciertas condiciones genéticas nos predisponen a un comportamiento que excede las razones.  Nos preciamos de inteligentes, pero en asuntos de política exhibimos una ignorancia que va más allá de todo cálculo, pues aquí seguimos personajes y no ideas. ¿Acaso el colombiano común (usted o yo) conoce la plataforma ideológica de su partido? ¿Conocemos, al menos, un resumen doctrinario y algo de la historia del grupo al que pertenecemos? Es que en Colombia no hay partidos; hay rentables empresas políticas de las que se benefician unos cuantos, gracias a la fidelidad -casi siempre ciega- de sus seguidores. Rara vez alguien dice: Soy militante de tal o cual partido. Aquí siempre se dice: Soy seguidor de tal o cual político.

Ad portas de los comicios presidenciales se cuentan dieciséis partidos con personería jurídica. Sin embargo, los colombianos hemos abierto una profunda zanja, dejando -a lado izquierdo y lado derecho- hordas rabiosas que no confrontan propuestas programáticas ni argumentan con inteligencia, porque lo que se estila en el sórdido mundo de la política es el insulto gratuito oculto tras la mentira, la calumnia, la injuria. No hay ningún inconveniente en enlodar la campaña del contrario con afirmaciones, a veces descabelladas, que van desde la acusación sin fundamento hasta el bochinche malintencionado. Algunos, incluso, creen que la burla que ofende merece aplausos cerrados. 

¿Por qué quien dice ser mi amigo se convierte en un francotirador cuando mis ideas políticas no son concordantes con las suyas? “Así soy y nadie me va a cambiar, menos usted” me dijo alguien que cierta vez me amenazó de manera solapada porque no compartí su punto de vista. ¿Se dan cuenta? Entonces, no seamos tan eufóricos (o tan pesimistas, según el caso) y aceptemos que sin importar quién sea el elegido, esta Colombia seguirá siendo la misma hasta el día en que los colombianos dejemos de ser los mismos.



El Cóndor más carroñero

El mes pasado cumplió sesenta y cinco años de muerto León María Lozano, el vendedor de quesos y cobrador de impuestos en la galería de Tuluá que por un golpe del destino se convirtió en el paladín del conservatismo más cavernario del Valle del Cauca.

(Sobre la violencia en el Valle y el accionar de León María Lozano, "El Cóndor" y sus "pajaros", puede consutarse EL BANDOLERISMO EN EL VALLE DEL CAUCA - 1946-1966 del historiador JHONNY DELGADO MADROÑERO)

Conocido en el mundo criminal con el alias de “El Cóndor”, fue el terror en este Departamento -sobre todo en el centro y norte del Valle- por su accionar implacable en los hechos que se conocen como La Violencia y en la cual tuvo protagonismo de primer orden, aunque se dice que jamás disparó un arma contra una persona, pues solamente fue el determinador de los miles de asesinatos políticos que se cometieron entre 1948 y 1956 bajo las banderas del partido conservador y del Sagrado Corazón de Jesús.

¿Se necesita jalar el gatillo para ser un asesino?

Desde luego que no. León María Lozano, alias “El Cóndor”, lo fue porque en Tuluá, desde el patio de su casa en el barrio Salesianos, desde una mesa del Happy Bar o desde la sede del directorio del partido, en la calle 23 con carrera 26 y con la potestad otorgada por Laureano Gómez y Nicolás Borrero Olano y Gustavo Rojas Pinilla y la bendición del clero católico, como un dios tuvo en sus manos la vida de todos los vallecaucanos liberales y decidió la muerte de miles de ellos.

(Para una aproximación a la vida de León María Lozano, alias "El Cóndor", léase el artículo periodístico LOS SECRETOS DEL REY DE LOS PÁJAROS DE LA VIOLENCIA de JORGE IVÁN POSADA)

“El Cóndor" no fue el rey de las aves, sino de los “pájaros” de todo el departamento. La historia dice que muchos contrarios políticos en su ciudad tuvieron que rendir cuentas ante él y, de inmediato, ante Dios. La historia también dice que su dedo índice señaló hacia la cordillera y otros lugares, donde se cometieron las masacres que no dejaremos de mencionar para que la amnesia histórica no las oculte: La de la Casa Liberal en Cali, la de Betania, la de Ceilán, para solo mencionar tres que dejaron saldo de más de quinientos muertos y que fueron cometidas, coincidentemente, en el mes de octubre, pero de 1949.

Lastimosamente, esos episodio y ese siniestro personaje van cayendo en el olvido por parte de las generaciones actuales, descendientes de quienes la padecieron de forma directa o de quienes fueron protagonistas, como víctimas, victimarios, cómplices o testigos mudos. Tal vez ello obedezca a que la Violencia se convirtió en otras violencias y nadie quiere acumular dolores y recuerdos señalados por la muerte. Pero no podemos perder la memoria. Si lo hacemos, estaremos cargando en nuestra conciencia con un dolor centenario que aún no cesa porque la ambición de los poderosos tampoco.

Sobra decir que León María fue el ídolo de una secta sanguinaria que tuvo la desfachatez de fijarle placa , precisamente en el Directorio Conservador de Tuluá, exaltando su "valor" y el "honor" de morir por el partido.

Y aunque parezca mentira, cincuenta años después de su muerte, el mismo directorio, junto con familiares apegados a su conveniente versión, le rindió homenaje evocativo de épocas gloriosas para ellos, pero nefastas para otros. ¡Claro! Es que estamos en el país que fue consagrado al corazón de Jesús mientras el corazón de sus gobernantes estaba consagrado a la injusticia, la inequidad, el odio.

(Al respecto, léase el artículo publicado por la redacción de El Tiempo con el título de EL 'CÓNDOR' LOZANO TUVO SU HOMENAJE EN TULUÁ, LA ACADEMIA DE HISOTIRA NO LO VE CON BUENOS OJOS)

No debemos olvidar. Quienes pierden la memoria siguen cometiendo los mismos errores históricos, siguen alimentando el mismo odio en los descendientes de las víctimarios. Y de los victimas, por supuesto.

GRACIAS, PERO...

Recibí la semana pasada por vía virtual un comunicado suscrito conjuntamente por el alcalde municipal y el secretario de cultura y turismo del municipio de Roldanillo, cuyo contenido me permito transcribir de forma textual:

Cordial saludo.
La Administración Municipal y la Secretaría de Cultura y Turismo dentro del marco de la celebración del mes del artista nacional realizaremos una actividad artístico cultural como homenaje a nuestros artistas Roldanillenses denimonado "ROLDANILLO CONTIGO"
En esta celebración le rendiremos a usted un merecido reconocimiento y exhaltación "POR SU APORTE CULTURAL, SENTIDO DE PERTENENCIA POR LO NUESTRO E INVALUABLE CALIDAD HUMANA QUE LE HAN REPRESENTADO EL APRECIO Y QUERER DE NUESTRA "TIERRA DEL ALMA Y PUEBLO MAGICO".
Por tal motivo queremos contar con su digna e importante presencia en este acto solemne que se realizará el día jueves 14 de octubre del año en curso a partir de las 6:30 p.m. en las instalaciones del Club Social Los Gorrones.

Dado que en dos ocasiones no recibí respuesta de la administración municipal de Roldanillo a sendas peticiones escritas que envié al portal web de la alcaldía (seguramente no fueron leídas ni consideradas) no voy a perder mi tiempo enviando estos párrafos que, muy posiblemente, tampoco serán tenidos en cuenta. Así que, en esta ocasión, lo haré de manera pública y en los siguientes términos:

Debo expresar mi agradecimiento por el "...merecido reconocimiento y exaltación" que la actual administración municipal de Roldanillo ha previsto para mí. Sin embargo, también debo advertir que mi gratitud obedece a un simple gesto de cortesía recíproca y de ninguna manera está acompañada de mi aceptación. Si, digámoslo de una vez: declino el homenaje. Y también expreso mis razones.

Empiezo aclarando algo: No soy artista. Es cierto que mi trayectoria en el campo literario va sobrepasando los cincuenta años, lapso en el cual he logrado algunas publicaciones; sin embargo, eso no me hace sentir "artista". Si escribo es, en primer lugar, por gusto, en segundo lugar por vicio y ahora porque ya no tengo más que hacer. Si alguien me lee, está bien y me complace, pero no me hace sentir mejor que el zapatero o cualquier otro artesano. Si nadie me lee, no me importa ni me afecta en nada. Quizá por eso jamás he buscado reconocimientos ni tengo colección de trofeos, ni he gestionado ningún contrato de servicio literario con ningún ente gubernamental y menos he lagarteado un favor editorial de tipo oficial. No he buscado subir por la escala de las competencias. Mis libros se han ido dando sin ser consecuencia de un objetivo publicitario y por eso han salido a la luz sin afanes, unas veces en seguidilla y otras veces después de largos recesos, pero nunca porque yo los haya forzado a nacer. De modo que a todo lo que he hecho -con más intención de divertimento personal que de afán megalómano- no le doy la jerarquía de APORTE CULTURAL

De otro lado, no sé en qué momento habré mostrado mi supuesto SENTIDO DE PERTENENCIA POR LO NUESTRO, pues la verdad es que soy un desarraigado, un exiliado de mí mismo. Repitiendo a Facundo Cabral, no soy de aquí ni soy de allá, es decir: En toda parte me presento como un forastero de la vida y Con el paso de los años he reducido mi territorio social y el entorno vital al único espacio que necesito para respirar y transcurrir diariamente, limitándolo a los doce metros cuadrados del cuarto donde trabajo. Ese es mi territorio. Hasta ahí llega mi sentido de pertenencia. Ya en un contexto donde se supone que he debido desarrollar una actitud positiva y consciente respecto del pueblo donde vivo y con relación a otras personas en las que debería verme reflejado por estar identificado con sus valores y costumbres, debo decirles que me he hecho a la idea que mis amigos están lejos, que no tengo patria -ni grande ni chica- pues la patria es un mero concepto y como tal me es ajeno el que tienen los "patriotas". En el sentido literal de la palabra, es decir: en cuanto a la connotación de propiedad, hay asumir que carezco de ese valor. No me aferro a nada que represente un lastre cuantificable. No me importa si tengo o no porque, en últimas, poco necesito. Nada es mío. Nada me pertenece.

En cuanto a la CALIDAD HUMANA que hipotéticamente me representa -según el consabido comunicado- me queda una duda, pues todos tenemos calidad humana, desde el hombre más rico de este país hasta el miserable que come los desperdicios arrojados al tarro de la basura. Lo que se debió aclarar es cuál “calidad humana”, es decir: bajo qué parámetros valorativos cree la administración municipal que puede ubicarme, teniendo en cuenta que la oficialidad nacional, tan dada a la estratificación social, me encasilló en el estrato 3, donde me cobran servicios públicos como si fuera del estrato 4, hago aportes a salud como si tuviera ingresos de estrato 5 y sobrevivo como cualquier colombiano del estrato 1. Quizá supusieron, según los estrecho concepto que manejan, que en cuanto a "calidad humana", yo podría ser alguien que cuida interesadamente de las relaciones con los demás, que me gusta hacer y rehacer vínculos afectivos y pertenezco a esa particular clase de los que ven todo a través de cristales color rosa. Pues permítanme decirles que no. Soy todo lo contrario y algo más, ya que no encajo -seguro que ya no encajaré- en la estructura tribal que algunos sociólogos llaman “el rebaño”. Soy asocial (no antisocial, aclaro) por algún trastorno que no puedo ocultar y eso me aparta de los círculos sociales, de los clubes, de las asociaciones, de todo grupo. Me considero, además, un escéptico compulsivo, lo que produce rechazo de los hombres de mucha fe y me margina de ese redil. Y como soy, de igual manera, un viejo que habla y obra con osadía, mi CALIDAD HUMANA está en entredicho según la visión y la vara con que la oficialidad y la “gente de bien” de esta aldea miden a las personas para acogerlas según estén o no de acuerdo con ellas. Mi actitud y mi estilo de vida van en contravía de esa visión. Pero esa es la actitud y ese es el estilo de vida que elegí, precisamente, porque me aísla de muchas circunstancias que me fastidian. Entre ellas los homenajes, los reconocimientos.

Desde luego que nada de lo anterior llega a generar o representar EL APRECIO Y EL QUERER DE LA “TIERRA DEL ALMA” Y EL “PUEBLO MÁGICO”. Ni más faltaba que fuera así. En una tierra sin alma y cuyo concepto de pueblo mágico no he podido entender, el aprecio, si bien no sobra y en algunos mementos especiales lo he sentido de mis amigos y conocidos, en este particular caso no va más allá de un formulismo galante representado por la zalamería que tanto prodigan los políticos en épocas cercanas a elecciones. No, no es cierto que el aprecio y el querer me lluevan como en el diluvio de la fábula bíblica.

Finalmente (aunque debió ser lo primero) y como complemento de lo anterior, considero -y lo he dicho en otras oportunidades- que los homenajes oficiales no son más que otro acto político muy similar a la inauguración de la sede de cualquier cosa o la entrega de algunos metros de concreto, para solo citar los más comunes y del excelso gusto de la administración pública. En unos y otros, el oferente termina desplazando al homenajeado y se convierte en el objeto de los elogios. Después de todo, es el gobernante, ya sea nacional o veredal, a quien todos ponderan por el espíritu progresista, la vocación de servicio desinteresado, la capacidad de gestión, pero sobre todo -volviendo a lo que nos ocupa- por la generosidad demostrada mediante el reconocimiento, exaltación y apoyo irrestricto al destacado cultor de… de cualquier embeleco cultural o artístico. Pienso que hay dos tipos de homenajes: El que se rinde a quienes han oficiado como genuflexos permanentes y no abren la boca ni siquiera para bostezar un inofensivo desacuerdo. Y el que se teje pacientemente, como un tapaboca contra peligrosas pandemias, para acallar a los que siempre están cuestionando, criticando, poniendo el dedo en la llaga y las actuaciones oficiales en evidencia.

Por eso, permítanme declinar a ese homenaje. Viniendo de la oficialidad gubernamental, esa que yo cuestiono y critico con frecuencia y con dureza, no sería consecuente ni coherente de mi parte aceptarlo... Entonces, GRACIAS, PERO NO. En el mercado deontológico un cartón honorífico no vale tanto como mi independencia como escritor y mi dignidad personal. Éstas permanecerán aferrada a mis convicciones hasta el final. En cambio, ese cartón iría al mismo lugar a donde han ido a parar mis diplomas y demás certificados académicos y profesionales: al cesto de la basura.