jueves, 12 de mayo de 2016

CON "CARA" GANAN ELLOS, CON "SELLO" PIERDE EL PUEBLO

Invitar a la resistencia civil contra la paz en Colombia es lo mismo que invitar a continuar una guerra fratricida en la que los bandos enfrentados están conformados por gente del pueblo. Y eso es más que criminal.


Desde luego que quien hace tan perverso llamado a la resistencia civil contra la paz no empuñará el fusil para liderar una consecuente resistencia militar contra la paz; al contrario, seguirá exhibiendo su particular patriotismo desde la comodidad de su mansión y rodeado por un esquema de seguridad que le cuesta un ojo de la cara a los colombianos, mientras un rebaño de enceguecidos fanáticos (es válida la redundancia) le hace reverencia, le jura sumisión sempiterna y, de paso, le hacen el trabajo sucio.


Ese insigne Salvador de Colombia no enlistará a sus bienamados hijos en el Ejército o cualquier grupo paramilitar para que le pongan el pecho a las balas combatiendo al enemigo; es decir, a la guerrilla y a todo aquel que piense de manera progresista. Para eso está el pueblo-pueblo. Al contrario, los educará en el sutil arte de pisotear a los demás y volverse multimillonarios en diez años con una tienda de artesanías.


...personas cuyas familias se han
enriquecido antes y después con
la violencia y la muerte de otros
Es lógico que personas cuyas familias se ha enriquecido antes y después con la violencia y la muerte de otros, hagan un llamado a la resistencia civil contra la paz en Colombia. Pero que un colombiano del común, de esos que -como usted- tiene que salir todos los días a luchar por la subsistencia, invite a la resistencia civil contra la paz no sólo es del todo ilógico sino estúpido, salvo que ese colombiano esté verdaderamente dispuesto a borrar de la faz de la tierra a los otros colombianos que estamos dispuestos a hacer resistencia civil contra la guerra. Es que resulta muy fácil invitar a que los demás se maten cuando no van a estar en el matadero.


La resistencia civil contra la paz no es contra la paz, es contra los que buscan una Colombia que brinde mejores oportunidades. Los que temen que nos gobierne Timoshenko (lo cual en realidad no sucederá) no temen lo que pueda pasar con Colombia sino lo que llegaría a ocurrir con esos desmesurados capitales que la clase política ha amasado con la corrupción. Los que se escandalizan con la posibilidad de que unos delincuentes se tomen el poder, fingen ignorar que desde el siglo pasado buena parte de los gobernantes y dirigentes del Estado han sido delincuentes consumados con un solo propósito: saquear el erario público y enriquecerse más y más mientras el pueblo empobrece. En últimas, lo que persigue la derecha es anclarse al poder para llenar sus bolsillos a costa del pueblo, mientras la izquierda lo que persigue es arrebatar ese poder sin importarles lo que pase con el pueblo.


Niño Wayú en estado de desnu-
trición
No es el pueblo el que ganará haciendo resistencia civil contra la paz. Ganará la ultraderecha recalcitrante (aquí también es válida la redundancia) que considera que Colombia es la finca que la historia le entregó en administración para su beneficio personal. Tampoco es el pueblo el que ganará cuando las FARC y Santos firmen un papel contentivo del acuerdo de paz. Ganará la derecha gobernante que disfruta de los dividendos que produce estar al frente de la administración de un país tan rico que hasta ahora nadie ha podido llevarlo a la quiebra. Ganarán las FARC que ya no tendrá que seguir extorsionando, ni asaltando, ni matando a los campesinos o cometiendo todo tipo de desmanes contra los más humildes desde la clandestinidad, pues eso mismo hacen los tres poderes del Estado desde la oficialidad. O visto de otra manera: Si la guerrilla arrincona al pueblo y ajusticia a quienes no siguen sus lineamientos, es un delito de lesa humanidad. Si el gobierno mata al pueblo de hambre y falta de atención médica es una estrategia social.


¿Quién es el enemigo de quién?
Si usted es partidario incondicional de la resistencia civil contra la paz, seguramente me verá como su enemigo, como alguien que hay que eliminar a todo costo. Para eso lo han entrenado ideológicamente y le han impuesto una plataforma de odios gratuitos y no de conceptos políticos. Pero no soy su enemigo y, de mi parte, no le veré como tal. Soy pacifista por convicción y por esa sola razón jamás tendría odios ni apuntaría un arma contra usted.

Como lo dije en un comentario anterior, la paz es algo más que el silencio de los fusiles. La paz es justicia social, es igualdad de condiciones y oportunidades. La paz no será onerosa para el pueblo. La paz será muy costosa para la dirigencia corrupta de nuestro país. El pueblo siempre ha perdido. ¿Qué podemos perder ahora?

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